miércoles, abril 21, 2010

TRAMPANTOJOS

Copio esta frase del libro de José Carlos Llop (pág. 250): "Edificó su vida privada de una forma pública, sin dejar de levantar un formidable bastión de defensa alrededor de su privacidad". Con ella se refiere el autor a un respetado personaje de la vida cultural palmesana de su juventud. Pero cabría tomarla como divisa, e incluso como lema de quienes andamos a vueltas con la propia vida para transformarla en materia literaria. Un formidable bastión de defensa. Pero con los muros transparentes.

***

También valdría para lo presenciado esta mañana. Estos dos jóvenes poetas amigos les leen sus poemas a mis alumnos, y uno le hace la consabida pregunta: "¿No les da vergüenza contar esas intimidades en público?". Dicho así, suena a reproche. Sin embargo, quien la hizo más bien parecía expresar cierta envidia por el hecho de que algunos pudieran disfrutar del privilegio de jugar al trampantojo con la propia intimidad. Esto le respondieron: con la madurez uno se atreve a ser valiente. Pero, ahora que lo transcribo, tampoco me suena como cuando lo oí. ¿La madurez valiente? Más bien parece lo contrario. La madurez no hace otra cosa que poner en primer plano toda una larga serie de miedos de los que uno antes se protegía bajo la falacia de que sus motivos y ocasiones quedaban demasiado lejos. La enfermedad, la soledad ya irremediable (e irrenunciable), el reconocimiento del propio fracaso, la muerte. La presunta valentía, quizá, resulta más bien cinismo: hablamos de esas cosas tan alegremente como para aparentar que no nos importan.

***

Miran de reojo el libro que voy leyendo, en el autobús, y eso parece darles una idea para renovar la conversación ininterrumpida que llevan manteniendo desde que se encontraron en la parada. "¿Sabes? Hubo una época en la que yo también leía un libro detrás de otro. Pero ya...". Parece el testimonio de un viejo lector desengañado. Pero la chica que lo dice no debe de tener más de veinte años.

No hay comentarios: