miércoles, mayo 26, 2010

BAAL

La transparencia de los primeros días de primavera ha sido sustituida por una turbiedad que es del aire, sí, pero que parece más bien del ánimo. Tiene uno intervalos luminosos y transparentes, como el aire a primera hora de la mañana; y momentos de nerviosa imprevisibilidad, como los que anuncian esas nubes rápidas que empuja el viento sur, y que no se sabe si van a pasar de largo o a descargar lluvia.

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Lo de Hacienda es más bien religioso, en el sentido degradado que tiene esa palabra en determinados contextos -no, evidentemente, en su significado primigenio de religio o lazo espiritual entre el hombre y lo sagrado-. El Estado es la única realidad ominosa que pesa sobre el presuntamente libérrimo hombre moderno. Le abonamos el equivalente de tres o cuatro meses de nuestro trabajo, como campesinos obligados a la gleba. Asistimos pacientemente a sus arbitrariedades. Y encima, en el caso que nos ocupa, asumimos como normal el deber de confesarle detalladamente nuestros ingresos, que es también darle cuenta de nuestro modo de vida. Confesión, por otra parte, innecesaria -al menos, en el caso de quienes vivimos de un sueldo-, puesto que el receptor de la misma dispone de toda la información, y sólo espera un fallo por nuestra parte -un error aritmético, por ejemplo- para abrumarnos de culpabilidad. Como un dios caprichoso y vengativo, uno de esos baales del AT, contra los que justamente descargaba su ira el único Dios que los protagonistas de ese libro tenían como verdadero.

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The money conspiracy, denomina el protagonista de Dinero la estrambótica trama a la que está sujeto. Y que, efectivamente, termina mostrándose como una conspiración. Quizá el mérito mayor de esta novela sea hacernos reflexionar sobre esta circunstancia, que pesa más o menos sobre todos. Y ni siquiera vale, para distanciarnos de esa conclusión pesimista, la constatación de que no somos tan propensos al exceso y la desmesura como el atribulado protagonista. No, al menos yo no me paso el día borracho, visitando antros pornográficos y trasegando comida basura. No, no llevo esa "vida de animal", de la que este hombre parece incluso orgulloso. Pero, a la vista de que uno está sujeto a las mismas fuerzas arbitrarias que él, esta pretensión de virtud -de salud, más bien- resulta incluso una agravante.

3 comentarios:

Profesor Franz dijo...

Qué le ha hecho a usted Baal para tacharle de caprichoso y vengativo, hombre? Acepto que es una divinidad cruel e insaciable que exige sacrificios humanos. Pero, que yo recuerde, sólo hay un dios en la Biblia que responda a la descripción de "caprichoso y vengativo". Y no es ninguno de los baales.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Me atengo a la tradición, querido Profesor, tanto bíblica como cinematográfica: ¿no se acuerda usted de esos dioses con un horno en la panza, al que arrojaban hermosas doncellas, mientras unos oficiantes calvos alzaban himnos siniestros? Pues eso.

Profesor Franz dijo...

Pues eso es lo que yo digo: Baal es un dios cruel e insaciable, de eso no hay duda.

Pero caprichoso es el dios que crea un ser a su imagen y semejanza y al rato ya se ha arrepentido de su obra y quiere destruirla; y vengativo el que castiga a su criatura favorita y a toda su descendencia por una travesura infantil (un simple robo de fruta).

A cada divinidad sus atributos. Y disculpe la insistencia.