miércoles, mayo 19, 2010

EN CIERNES

"Son cosas mías antiguas", me dice. "De cuando tenía catorce años". Se refiere al grueso cuaderno de poemas que ha puesto en mis manos. Paso las hojas con cuidado, como si estuvieran hechas de un material muy quebradizo. Y lo están: ese papel intangible en el que las emociones adolescentes se transfiguran en suspiros más o menos becquerianos. "¿Qué edad tienes ahora?", le pregunto. "Dieciséis". Le recomiendo que lea, que persevere en la escritura, que no se avergüence de ella. Le pongo en las manos un ejemplar de Veinte poemas de amor..., insistiéndole sobre todo en la lección rítmica que encierran. "Su autor no era mucho mayor que tú cuando los escribió". Le leo incluso alguna tirada, recalcándole los acentos y el cómputo silábico. "Puedes prescindir de estas cosas si quieres, pero al menos debes conocerlas, como cualquier artesano conoce las herramientas de su oficio". Parece que asiente. Y entonces me animo a decirle: "Sé humilde también, porque en esto no hace uno otra cosa que aprender y nunca se sabe lo suficiente". Y me acuerdo de lo que yo escribía entonces -tan similar, ay, a las probaturas desinformadas de este chico- y del cambio que mis ideas sobre la escritura y mi práctica de la misma experimentaron en cuanto di con quienes podían darme buenos consejos. Maestros, por cierto, de los que renegué en cuanto pude, pero a los que no por eso les niego la importancia decisiva que tuvieron en su día.

"Ven a verme cuando hayas leído este libro", le digo, "y ya me cuentas". No creo que lo haga. O sí, quién sabe. Y quién sabe también si no causa uno un daño inmenso por secundar estas aficiones, que a nada conducen, y que tan pocas satisfacciones van a deparar a quien las cultiva.

3 comentarios:

Ramón Simón dijo...

Uff1, y cuánta razón tienes, en lo que escribes, en tu entrada de hoy.

saludos.

marinero dijo...

Yo soy menos pesimista. Los consejos son buenos, y están bien dados. Y, si hay en él un escritor, le serán útiles, incluso aunque luego reniegue del maestro; son cosas que pasan. Y en cambio, si no hay en él un escritor, lo dejará por sí mismo; o, si pasa toda la vida engañado (hay casos), eso mismo sin duda le habría ocurrido aun si no se hubiera encontrado contigo. Yo creo, con Heráclito leído por Cernuda, que "carácter es destino".

José Luis Piquero dijo...

Discrepo. ¿Cómo que a nada conducen esas aficiones? ¿Cómo que dan pocas satisfacciones? Conducen a muchos sitios y dan satisfacciones a mansalva. Al menos, y ya es bastante, no creo que a nadie le hayan jodido la vida (aunque algunos dicen que sí, confundiéndolas con el alcohol o la depresión o la vanidad desmesurada u otros males similares).
No le has hecho ningún daño (y mucho menos un daño inmenso) sino todo lo contrario.
Un abrazo.