viernes, mayo 14, 2010

FALAR PORTUGUÉS

El presidente de la comunidad autónoma andaluza ha estado en Portugal y ha anunciado allí su propósito de implantar el estudio de la lengua lusa en todos los colegios andaluces en los próximos cinco años. Es, que yo sepa, la primera medida en que se concreta el impulso que este político dice querer dar a la educación. Y se adopta, dice, porque el portugués se habla “en cuatro continentes” y su conocimiento abriría, por tanto, un gran campo a la economía andaluza. No me atrevo a poner en duda tan excelentes propósitos. Y menos, cuando se refieren a una lengua que aprecio y a un país que conserva mucho aún de lo que España ha perdido en nombre de una malentendida modernización. Menos entiendo que se pretenda justificar esta medida con razones pretendidamente utilitarias. Porque, aparte del gigante brasileño (en el que, por cierto, el español gana terreno a gran velocidad) y del propio Portugal, no sabe uno en dónde están esas otras oportunidades de negocio. ¿En Angola, Mozambique, Timor Oriental? Más difícil me parece lograr el encaje de otro idioma en el ya demasiado recargado currículo educativo andaluz; y hacerlo sin que resulten perjudicadas las otras dos grandes lenguas de comercio y cultura que en él se imparten, el inglés y el francés, o sin que esto implique la renuncia sine die a que en nuestras escuelas se aprendan otras lenguas muy importantes para nuestro turismo y comercio, tales como el alemán, el italiano o, por qué no, el chino, cuya creciente relevancia mundial nadie niega.

Ya se verá en qué queda esta promesa, que a mí me recuerda otro anuncio similar hecho por otra presidenta autonómica, Esperanza Aguirre, a propósito del catalán… Los políticos españoles, en general, no saben qué hacer con la rica variedad lingüística de la península. A lo más, la utilizan como arma arrojadiza. El portugués, a todos los efectos, es una lengua peninsular más, y como las otras lenguas romances peninsulares, en ella destacan más sus similitudes con el castellano que sus diferencias. A ningún político, que yo sepa, le ha dado por destacar esta evidencia: que cualquier castellanohablante de cultura media puede leer –y, con un poco de práctica, incluso entender de oído– las otras lenguas romances peninsulares; y que basta un pequeño esfuerzo autodidacta para conocer los rasgos distintivos de éstas.

Puestos a inventar asignaturas, se me ocurre que podría existir una que se basara en esta realidad, y que familiarizara el oído de los escolares peninsulares con las muy reconocibles sonoridades de las lenguas hermanas. Una asignatura en la que se constatara en la práctica que los titulares del lisboeta Diário de Notícias, por ejemplo, o unos versos de Fernando Pessoa resultan casi transparentes a un hispanohablante. Y que todo lo demás que nos separa lo han inventado los políticos.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

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Mañana sábado estaré firmando ejemplares de Diario de Benaocaz y otros libros míos en la Feria del Libro de Cádiz, en la caseta de la librería Manuel de Falla, de 19.30 a 21.30. Será un placer ver por allí alguna cara conocida.

5 comentarios:

manolotel dijo...

A mi me encanta (y no la hablo) la lengua portuguesa, pero creo que la lengua del imperio, hoy por hoy, es mucho más útil desde el punto de vista comercial (y desde algún otro punto de vista más).

Respecto a la invitación de mañana, intentaré estar por allí. De todas formas me parece a priori y por lo que he leido que se trata de una poesía muy actual en la forma y con una carga profunda de emotividad.

Espero y deseo, porque amo la poesía, que el libro sea un éxito.

Un saludo afectuoso.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Ya podemos intuir en qué acabará esto: se ofertará el portugués en algunos centros, no se llegarán a los quince alumnos inscritos y, por lo tanto, no se implantará la materia, o lo hará de forma absolutamente anecdótica, lo justo para que el político puda colgarse la medalla. O, con el argumento de la similitud, quitarán horas de Lengua española, como ya han hecho en 4º de ESO para los inenarrables Proyectos Integrados.
Pero prefiero no dar pistas...
Un abrazo

José Luis Piquero dijo...

En gran parte tienes razón y quizá no sea la medida más adecuada. Ahora bien, yo vivo a 10 minutos de Portugal (y voy muchísimo, claro) y observo algo que me molesta y que dice muchas cosas (pero distintas) de los portugueses y los españoles (y sé que me estoy desviando un poco del tema). Resulta que al otro lado es bastante habitual que te hablen en español mientras que a este lado es casi imposible que alguien sepa algo de portugués. Los españoles no nos esforzamos (no digo que un cántabro tenga que hacerlo, pero uno que vive pegado a Portugal...). Y me temo que esto no tiene nada que ver con la mayor o menor utilidad en la vida de saber hablar portugués sino con ese secular desprecio que los españolitos sienten hacia los portugueses, a los que miran por encima del hombro, sin percatarse de la cantidad de cosas en las que deberíamos tomar buen ejemplo de ellos (sin ir más lejos, su educación y su cortesía, frente a nuestro general grandonismo chillón e incívico). Yo sí hablo portugués (o lo chapurreo) pero ya digo que ellos no me dan muchas oportunidades de practicarlo porque son lo bastante educados como para empeñarse en hablarme en castellano.
Es una reflexión que simplemente dejo ahí. Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tienes razón, JL. Yo también he observado esa descortesía española respecto a los portugueses. Bastaría, quizá, con que les devolviéramos el saludo en portugués, o les diésemos las gracias con ese cumplidísimo "obrigado" que nada cuesta. Mi tesis, ya lo has visto, es que un porcentaje alto de las diferencias entre las lenguas romances peninsulares se solventan con un poquito de buena voluntad. Yo leo poesía catalana y portuguesa sin dificultad, y no creo que en este modesto logro haya influido mi formación como filólogo: más bien, mi práctica de lector. Y, por supuesto, es de sentido común que en las zonas fronterizas estuviera generalizado el conocimiento de los dos idiomas por ambas partes.
Un abrazo.

Aquilino Duque dijo...

Eso de que el portugués se habla en "cuatro continentes", aparte de ser una verdad como un templo, me recuerda que, hallándome en uno de ellos, el africano, en vísperas de la retirada portuguesa de Angola, la esposa de un funcionario colonial me ponderaba la prosperidad angoleña bajo dominación lusitana y la cifraba en que allá se producían "quatro queijos", es decir, cuatro clases de queso.