viernes, mayo 21, 2010

LA POBREZA

Parece definitivo que todos seremos más pobres. A quienes ya lo eran por efecto de los vaivenes de la economía (parados, empresarios arruinados, etc.) se unen ahora quienes cobraban del estado (pensionistas y funcionarios), cuyos estipendios se verán reducidos. No entro ahora a discutir si la medida es acertada o no. Tampoco si es justa, porque entiendo que de lo que se trata en este momento es de salvar la coyuntura, y no de crear doctrina. Sí, sería bueno castigar a los financieros sin escrúpulos que han provocado la crisis, y propinar un severo correctivo a la clase política que tan mal la ha administrado. Pero no está uno muy seguro de si quienes eventualmente pudieran aplicar tales medidas justicieras no terminarían siendo más onerosos para la ciudadanía que esos financieros y políticos. Ya ha ocurrido en Grecia: se le prende fuego a un banco (lo que, como símbolo, sin duda resulta grandioso) y termina ardiendo en ese fuego un pobre que pasaba por allí. Desconfío de quienes se cargan de razón. Ya hay demasiada gente vociferando y rasgándose las vestiduras como para que uno pretenda sumarse a ese coro.

Así que, si ustedes me lo permiten, voy a intentar ver el lado positivo de la cuestión. Ya que vamos a ser pobres (ya muchos lo son), aprovechemos para poner al mal tiempo buena cara. La verdad es que, en nuestra breve etapa de nuevos ricos, no hemos hecho muy buen papel. Hemos destrozado nuestros paisajes, hemos contribuido a establecer modos de vida contrarios al bienestar y al sentido común, hemos postergado el saber y la cultura y perdido el respeto a los encargados de acrecentar o difundir uno y otra. Y hemos creado un tipo humano agresivo y prepotente, cuyas máximas aspiraciones eran cebarse, avasallar al vecino y tener el televisor más grande o el coche más ostentoso que se pudiera comprar, a ser posible dotado de un equipo de música que atruene las calles... Ésos han sido, entre nosotros, los efectos tangibles de la abundancia. No digo que no pudieran haber sido otros. Con otras cabezas pensantes y otras prioridades, a lo mejor hubiéramos podido dotarnos de un sistema educativo eficiente, de unos valores razonables, de un estilo de vida sano y cultivado.

Nunca es tarde. Me dicen los amigos funcionarios que, con los recortes anunciados, cobrarán (cobraremos, porque uno come también de esa olla) cien o ciento cincuenta euros menos. Propongo aquí que el recorte se aplique a esos momentos y aficiones que nos hacen menos dignos. A las ocasiones de vulgaridad y ruido. A las expansiones que nos embrutecen y comprometen. Haga cada cual su examen de conciencia. No tenemos nada que perder. Y podremos ganar, entre otras cosas, el derecho de dirigir nuestros reproches a quienes no parecen dispuestos a asumir su cuota de sacrificios. A políticos y banqueros, por ejemplo.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

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Hoy viernes a las 20.00 horas se presenta en el Teatro Aznalmara de Benaocaz mi libro Diario de Benaocaz. Presentará el acto el escritor gaditano José Antonio Bablé e intervendrá el cantautor Juan Antonio Requejo.

3 comentarios:

J.Lorente dijo...

No puedo estar más de acuerdo con Usted, Señor Benítez Ariza... Hace tiempo que nos invitaron a subir a un tren de Bienestar y Facilidades Financieras al que subimos sin pensarlo como felices borreguitos. Ahora que hemos abusado de esas ventajas y no somos capaces de mantener el tipo, nos negamos a bajar al andén, al sitio que siempre nos ha correspondido, o sea, una Vida acorde con nuestras posibilidades.

Y, como bien añades, hemos creado una sociedad de Vagos e Incompetentes de Vida fácil que nunca han tenido que ganarse la Play Station... Se la hemos puesto en las manos sin nada a cambio.

Un Saludo, J. María.

J.Lorente dijo...

Debo pedir perdón... ¿Por qué te he llamado José María? Ha sido un lapsus, lo siento.

J.MANUEL... J.MANUEL... J.MANUEL...

A ver si se me queda.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No te preocupes: es la maldición de los nombres compuestos.
Un saludo.