jueves, mayo 06, 2010

MARIPOSAS

Se me va una hora larga en instalar (desembalar, leer las instrucciones, conectar cables, etc.) una nueva impresora. Sustituye otra que tenía una pequeña avería que, al parecer, no merecía la pena reparar, porque hubiera costado más el palio que el santo. Cosas de la cultura de usar y tirar. En fin. Instalo el nuevo armatoste. Ha costado el equivalente a una cena informal en pareja; es decir, no mucho; y, en todo caso, una cantidad que podría equipararse con facilidad a cualquier pequeño gasto de los que se hacen a fondo perdido... Anoto esto para aclarar que los temores e inseguridades aparejadas, en mi caso, a la manipulación de esta clase de aparatos no se corresponde con el valor real de los mismos. Que no se juega uno nada importante ni arriesga nada valioso en el proceso. Y, sin embargo, nada más ponerme manos a la obra, e incluso antes, se me acelera el pulso, siento mariposas en el estómago, me sudan las manos. No soy torpe, contra lo que pueda parecer. Sé solucionar más o menos aceptablemente la mayoría de los pequeños contratiempos domésticos, e incluso con la informática me las apaño razonablemente bien. Pero el miedo es el miedo. Habría que analizarlo, si no fuera porque uno desconfía de antemano de los resultados de esos análisis. ¿Qué iba a descubrir? ¿Un secreto trauma infantil? No creo que haya tal. Simplemente, una ridícula debilidad nerviosa. Que anoto aquí por si es de ésas que, por el mero hecho de ser nombradas, se esfuman.

3 comentarios:

Jesus Esnaola dijo...

Me siento identificado. ¿No te pasa algo parecido cuando vas al banco, a ventanilla, a sacar un poco de tu dinero? Odio ir al banco porque siempre temo que el cajero pulse un botón, aparezcan dos agentes y pase el resto de mis días en una prisión.

Un abrazo

E. Cabello, "Las Cumbres" de Ubrique dijo...

Nunca hubiera utilizado yo la palabra "mariposas" para describir ese mini-nervio o esa inquietud. Aquí estoy sonriendo al pensar en esas mariposas volanderas que, a pesar de las muchas tablas, nos siguen acompañando en nuestro día a día.
Quizás si las visualizamos y les vamos poniendo nombre nos acostumbramos un poco más a ellas y no nos dan qué pensar.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Entiendo tus sentimientos, a mí me pasa lo mismo con la informáticas, y... las mujeres.
Un abrazo.