martes, mayo 18, 2010

NOVELA

Papeles. Aprovecho la ocasión de cumplimentar la declaración de la renta para revisar los acumulados a lo largo del último año. Inútiles casi ellos. Contienen la suficiente información sobre mí, sin embargo, como para que con ellos uno de esos pulcros biógrafos anglosajones compusiera un detalladísimo relato de mi vida. Más completo, incluso (mucho más, diría yo) que este diario. Mis idas y venidas, mis gastos, mis aficiones. La ligera trama social de la que dependo... Les dedico apenas una mirada y los descarto inmediatamente. Apenas guardo un puñado de extractos bancarios, relativos a algunos aspectos de la declaración, y poco más. De las muchas novelas que pueden salir de una sola vida, a Hacienda sólo le interesa una, y ésa es la que ahora debo escribir. Uno se debe a su público. Las otras -como ocurre, en fin, siempre que uno se decanta por una línea argumental, en detrimento de otras- van a parar directamente a la papelera.

***

El lamentable espectáculo de una clase política desconcertada, puesta en evidencia y sin argumentos para defenderse. Hemos entregado el país -democráticamente- a un puñado de aficionados y ahora pagamos las consecuencias. Pero algo se gana también con la constatación: la certeza de la absoluta falta de importancia de éstos y de todo aquello por lo que han hecho ruido, su levedad, su transitoriedad. Dentro de diez años, sospecho, nos costará recordar quiénes fueron, qué pretendían, qué perjuicios nos causaron. Sin embargo, seguiremos hablando de algunas de las cosas que más nos importan hoy. De un libro que nos ha gustado, de un viaje que hicimos. Incluso del dichoso volcán cuyos humos traen de cabeza a media Europa. Un volcán sí es algo considerable. Un político no.

***

A propósito de lo primero. Un libro hecho de la mera acumulación de facturas, pasajes de avión o billetes de avión, tíquets de aparcamientos, recibos de cajeros automáticos, cartas comerciales, nóminas, extractos bancarios, etc, pertenecientes a una sola persona o a un grupo de personas allegadas. Un título y la palabra "fin" en la última página. Y llamarlo "novela". Seguro que se le ha ocurrido ya a alguien -los experimentos de Dos Passos, por ejemplo, iban en esa dirección-. Pero supongo que lo que sobraba en lo de este novelista era, precisamente, la literatura.

1 comentario:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Estoy en lo que tiro, en lo que no me sirve, en las afueras. Se está en los límites: se vive en los márgenes. Nuestra biografía es la bolsa de basura arrojada por la noche, a escondidas, como temiendo que alguien vea cómo nos deshacemos de nosotros mismos.
Es curioso: pensé anoche (justo anoche) en algo parecido a lo que cuentas e incluso lo edité en mi blog, preparado para lanzarlo hoy. Trata (muy curiosamente, amigo) casi de la misma cosa: de la historia contada desde afuera, del mundo visto en un contenedor.

Saludos.
Buen Martes.