viernes, mayo 28, 2010

PALOMAS

Ha pasado casi desapercibida la noticia de la única reducción efectiva de personal llevada a cabo hasta el momento por la administración en estos tiempos de crisis. No es, como muchos anhelan, un recorte en el número de altos cargos, ni la supresión de algún que otro ministerio. No. La medida se tomó hace dos meses y ha entrado en vigor hace unos días. En cumplimiento de ella, el ejército –que, al fin y al cabo, es una rama de la administración– ha licenciado su cuerpo de palomas mensajeras… Mal año para estas aves. A comienzos del mismo, recuérdese, un ayuntamiento anunció su propósito de multar a todos aquellos que les dieran de comer por las calles. Ahora se han quedado sin trabajo. O, como eufemísticamente se ha dicho, “han sido puestas bajo la tutela de entidades deportivas”, que es la fórmula que se ha empleado para anunciar que las mandan al asilo. Bien mirado, se agradece que no las hayan sacrificado sin más, como hacen con los perros de caza que dejan de cumplir su función, o con los caballos viejos.

Al parecer, se da por sentado que las comunicaciones por satélite hacen innecesarios los servicios que prestaban estos animales. Esos satélites, se supone, no pueden averiarse, ni ser interceptados o dañados. Bueno. En estos países nuestros tan benditamente hechos a la paz, y tan incapaces de imaginar las consecuencias de un conflicto bélico generalizado, es inútil especular sobre la necesidad o no de mantener estas costosas mascotas, que requieren un riguroso entrenamiento y una atención permanente. Y si uno lamenta su desaparición, lo hace a modo de arrebato lírico, y también porque uno cree en una especie de ecología hecha por el hombre a su imagen y semejanza, y a la que se deben criaturas que, sin nuestros cuidados interesados, simplemente dejarían de existir, porque ya no tendrían razón de ser ni espacios donde vivir. A esa fauna debida a nuestros caprichos pertenece el toro de lidia, por ejemplo. No soy precisamente un entusiasta de la fiesta nacional. Pero cada vez que me encuentro con algún furibundo detractor de la misma, le hago la misma pregunta: ¿Qué hacemos con los toros? Otros animales hechos al hombre han demostrado ser más adaptables. En Australia, tengo entendido, los gatos asilvestrados son ahora legión y constituyen una amenaza para la fauna autóctona… Y quizá lo que los hace doblemente peligrosos, como al toro que ha probado el capote, es que ya nos conocen, porque han vivido con nosotros, compartido nuestros secretos, asistido a nuestras intimidades.

En el caso de las palomas, han portado importantes secretos militares. Ahora las han jubilado. Las imagina uno volando distraídamente, por pasar el rato, alrededor de las estatuas de nuestros héroes cívicos. Y, a despecho del acoso municipal, cubriéndolos de… gloria. Ellas, que tanto saben de eso.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

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