miércoles, mayo 12, 2010

PUESTA DE LARGO

Una presentación de libros se parece más, en efecto, a una "presentación en sociedad" o a una puesta de largo, que a un bautismo. A partir de aquí, se siente uno como el padre que, después de haber hecho todo lo posible por su hijo, se resigna a que éste dé por el mundo los bandazos que tenga que dar, y ya rara vez se avendrá a soltarle un sermón o a darle un consejo... Él sabrá ingeniárselas para llegar a los lectores a los que esté destinado, sean éstos cincuenta o... doscientos, porque tampoco hay que esperar más de un libro de poemas, y ya sería todo un triunfo tener asegurados esos doscientos.

En esta primera fase, sin embargo, todavía cuenta algo la sombra tutelar del padre. Leo lo que los periódicos locales han extraído de lo que dijimos mi editor, M.B., y yo en el acto de presentación de mi Diario de Benaocaz. Por ejemplo, la cumplida crónica de Virginia León, en Diario de Cádiz. ¿De verdad ha podido uno hablar tanto de sí mismo, de los castillos en el aire que se persiguen en el ejercicio de la creación poética? Si hubiera sido otro quien hubiera pronunciado todas estas palabras, ¿qué concepto me habría formado de él? ¿No hubiera sido mejor mantener todo esto en secreto? Efectivamente afirmé, por ejemplo, que las indagaciones que ocupaban los últimos poemas del libro significaban una apertura a la trascendencia... No sin antes advertir, claro, que esas veleidades las tenía alguien que no se siente religioso ni se reconoce en la ortodoxia -ni en la heterodoxia- de ninguna religión... Los amigos asentían, comprensivos, no sé si porque me han entendido o porque comprenden que, cuando uno se suelta a hablar en público, es normal que se le enreden los conceptos de ese modo. También dije algo sobre el necesario sustrato plástico -cité unas palabras de Cernuda al respecto- que ha de tener todo poema, para conjurar el riesgo de convertirse en una mera declaración abstracta o en un enunciado filosófico. Y una compañera me interroga hoy: "¿Qué querías decir? ¿Qué te parece Eliot, por ejemplo?". Y entiendo que, en esto de los principios poéticos, no hay verdades susceptibles de ser enunciadas con demasiada rotundidad. Eliot, le digo, es el poeta que es porque bebe de maestros para los que ese "sustrato plástico" resultaba fundamental. Laforgue, por ejemplo. Pero también Dante, con sus exactísimas comparaciones empequeñecedoras, extraídas de la observación del mundo... De esto habla uno hoy en los huecos que le deja la rutina laboral, dejándose llevar sin duda por la leve deriva hacia la irrealidad que supone siempre la inmersión en la vida literaria. Sin dejar de sentirme por ello, también, un poco charlatán, porque ¿qué pintan aquí Eliot, Laforgue, Dante? ¿No sería mejor, ya digo, que nada de esto saliera de casa?

Pero fue un buen acto, qué duda cabe. Y no por lo que yo dijera o dejara de decir, sino porque congregó, como en otras ocasiones, a un puñado de amigos que parecen sentir respecto a estas cosas la ilusión que a uno ya empieza a faltarle, y terminan contagiándosela a uno, aunque sólo sea por las pocas horas de exaltación que suelen seguir a estos esfuerzos.

6 comentarios:

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Enhorabuena de nuevo por el acto. Creo que era uno de esos amigos que asentían "comprensivos", como tú dices. Me he permitido hacer un pequeño comentario sobre el acto en mi blog.
Un abrazo.

Paco Gómez Escribano dijo...

Enhorabuena por esa presentación. Y sí, cualquier afirmación rotunda sobre Poesía conlleva un riesgo porque la Poesía no es racional. Un abrazo.

JMGL dijo...

Al vuelo de lo que dices en el primer párrafo, estoy viviendo desde hace unas pocas semanas esa misma sensación, pues acabo de publicar una primera novela o libro de relatos en forma de novela, no sé cómo calificarlo. Y es que después de haberle dedicado tanto tiempo y esfuerzo a esa obra que ahora ya no te pertenece, te queda una impresión de desamparo difícil de sobrellevar. Pero bueno, supongo que es cuestión, como bien dices, de asumir el segundo plano que todo padre debe tener con el hijo que empieza a abandonar el nido. Y aprovechando la ocasión, me gustaría, si no es inconveniente, enviarte un ejemplar de ese libro que digo, y devolverte de este modo el buen rato que pasé leyendo uno de los tuyos: La raya de tiza. Si lo aceptas, deberías decirme algún modo de ponerme en contacto directamente contigo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Ponme tu correo en un conmentario a este blog y luego bórralo. Aunque no se publique, me llega a mi correo personal y ya te contesto. Gracias.

Olga B. dijo...

Pues enhorabuena por esa puesta de largo y larga vida y muchas aventuras al debutante. Es bueno que se vayan de casa;-)

Un fuerte abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Que se vayan, sí. Porque en este caso, como en el otro, lo preocupante es que se queden. Besos.