martes, mayo 25, 2010

SANGRE

Me piden que pose para unos "recursos", que es como llaman los de la televisión a esas imágenes con las que acompañan las partes de una emisión en las que suena música de fondo o una voz en off, antes o después de entrar en la materia propiamente dicha. Y me filman mientras ando bajo las arcadas de un patio porticado, meditativo y serio, parándome a veces a mirar al tendido o a hojear el libro sobre el que acaban de entrevistarme... Cómo salir airoso de estos trances, cómo aparentar en ellos una mínima naturalidad. No sé lo que parezco: un impostor, seguramente. Y es que hay una distancia entre haber escrito libros y hacer esas cosas que se esperan de los escritores: que aparenten estar siempre absortos en elevadísimas preocupaciones, por ejemplo. Aquí puedo anotarlo (para eso es un diario íntimo): mi máxima preocupación en ese momento era disimular una mancha de sangre en el puño de mi camisa. Y no es que hubiera matado a nadie: simplemente, me herí en un dedo esa mañana -una herida escandalosa, de ésas que sangran mucho- y no había tenido oportunidad de pasar por casa para cambiarme. Lo que, después de todo, tiene también cierto valor metafórico: ¿qué otra cosa puede preocuparle a uno, en estos trances, que no sea ocultar por dónde sangra la herida?

2 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Hay que ver, José Manuel, lo que nos obligan a hacer algunas veces. Yo sólo con posar para la foto del DNI ya me siento otro, y pongo una cara de tonto que no es la mía, espero. Una cosa somos nosotros, otra nuestra imagen y otra distinta la imagen que se espera que tengamos. Es demasiado complicado; mejor la vida retirada.

Un abrazo.

Olga B. dijo...

Qué bueno. Después de todo, hiciste lo que de ti se esperaba: ocuparte de un pensamiento y elevarlo.
Ay, la sangre, siempre corriendo por las venas;-)