martes, junio 08, 2010

FUGITIVO

Nunca ha dado uno pábulo a teorías conspirativas, ni ha creído en poderes ocultos ni en tramas más oscuras, en fin, que las que constantemente deja entrever la ya de por sí bastante complicada realidad en que vivimos. Pero, ante la que está cayendo, no deja uno de hacerse algunas preguntas. ¿Qué misteriosa fuerza está obligando a la práctica totalidad de los países europeos a rendir cuentas públicas, a ajustar sus presupuestos y enjugar sus déficits, y a anunciar sin paliativos a la población que, como resultado de estas medidas "de ajuste", a partir de ahora va a ser más pobre; o, como ha dicho Cameron a los británicos, que la crisis "cambiará su modo de vida durante años"? Ante la sucesión de anuncios de esta clase, no salimos de nuestro asombro. Está claro que nuestras vidas van a cambiar. No es que no me parezca conveniente alguna clase de cambio, e incluso una cierta apelación a vivir de otro modo. Lo extraño es que sean los gobiernos, tan propicios a la inercia, los que parezcan haber interiorizado al unísono, y de un modo tan arbitrario, estos principios. ¿En nombre de qué o de quién? ¿Para satisfacer a quién?

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Con este ánimo un poco catastrofista veo Soy un fugitivo (I am a fugitive from a chain gang), de Mervyn LeRoy: la tragedia de un hombre bueno, víctima de una sociedad que no ofrece asideros ni oportunidades para rectificar. Frank Capra hubiera resuelto esta sombría historia con una apoteosis humanista y solidaria. LeRoy no se hace ilusiones: aunque en algún momento plantea la posibilidad de que la opinión pública pudiera influir sobre el destino de este hombre acosado, enseguida deshace esa ilusión: la opinión pública es variable y tornadiza, y se desentiende pronto de las historias que alguna vez rozan su fibra sensible. Nada más estremecedor que el final de la película, cuando la amada del protagonista, evadido por segunda vez del penal, le pregunta de qué come, y éste le responde desde la oscuridad, con la voz rota: "¿De qué va a ser? De lo que robo". Y si estas palabras vienen de la oscuridad es porque quien las emite ya ha pasado a la invisibilidad absoluta, o a una modalidad de supervivencia que ya no espera concitar simpatías.

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Un desamparo, en fin, no muy distinto del del gato solitario al que encuentro esta mañana en medio de la calzada. Anda desorientado, y por un momento dudo de que sea capaz de alcanzar la otra acera antes de que el tráfico, momentáneamente detenido por el juego de los semáforos, se reanude. Lo consigue in extremis, y luego trota animosamente por la acera, con el rabo levantado, de esa manera entre cómica y sigilosa que tienen los gatos de mostrar su ufanía. Es extraordinariamente pequeño, más o menos del tamaño de K. Da la vuelta a la esquina y lo pierdo de vista. Estoy tentado de ir tras él y devolverlo a la pródiga manzana de la que ha salido, llena de callejones sucios y viejos solares a medio tapiar, habitados por decenas de congéneres suyos. Pero se ve que, como el protagonista de Soy un fugitivo, quiere vivir su vida. Y quién es uno para interferir en su destino.

4 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Yo no creo en conspiraciones; veo las cosas más simples: los gobiernos han intentado salir de la crisis con políticas keynesianas basadas en el gasto público. No han funcionado, por lo que se han encontrado con que la economía no había crecido pero el endeudamiento sí. Ante el riesgo obvio de bancarrota han plegado velas, y la única manera es reducir el déficit mediante la contención del gasto. No queda otra.

Un abrazo.

P.D. Increíble la palabra de verificación: "askingsl": habrá que preguntar a Super López...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con tu explicación, JM. Lo que me llama la atencióno no son los actos de los gobiernos, sino su coincidencia en el tiempo y su unanimidad. Debe de ser la única ocasión en toda la historia de la UE en que se da tanta coincidencia. Un abrazo.

PD: Mi palabra de verificación es: cenoo; un término polinesio, supongo.

Aznalmara dijo...

Pues de los tres episodios el que me parecía más jugoso era el del fugitivo, y ahora que pinché para leer los comentarios (me gusta leerlos siempre) me encuentro con mi palabra de verificación "Cyancti" y empiezo a reinventar la historia del fugitivo, que necesita llegar a ese lugar para recuperar la esperanza y la vida...

¡Nunca hubiera pensado que una "palabra" al azar sirviera para tanto!
¡Qué felices habrían estado en otra época con una máquina que inventara palabras dándote entrada para un relato!

A partir de hoy me fijaré siempre en esas palabras tan misteriosas...

Saludos,
Esperanza

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sí, algunas son espléndidas.