lunes, junio 07, 2010

MIRADAS





En ciertas ocasiones festivas soy básicamente un mirón. No sé hacer otra cosa. No sé bailar, no sé contar chistes, me canso de comer y beber. Miro. Miro y aprieto el disparador, para dejar constancia de que hubo una mirada y una ocasión de mirar. A veces pienso incluso que esto me podría costar algún disgusto, y me he trazado reglas para impedir que esta afición mía pueda vulnerar convenciones vigentes y, supongo, respetables. Fotografío vacíos, fragmentos de cuerpos o caras que no permitan identificar a sus dueños. Es, digamos, un tipo de fotografía que se aviene bien a las convenciones de privacidad que rigen en este diario íntimo y abierto a un mismo tiempo. No sé qué persigo con ello. Distraerme, en principio. Y adelantarme a la desmemoria, que sólo respeta lo casual, lo fragmentario, la luz, los detalles inconexos. Miro y constato el olvido de todo lo que no está en mi mirada. Miro y hago espacio para todo eso que no está.


1 comentario:

Ramón Simón dijo...

Estimado José Manuel, las preguntas que te hace, que nos hacemos sobre el fin que se persigue cuando delante de una cámara de fotografía se intenta captar el momento, la luz de un instante, la fugacidad del tiempo no tiene respuesta, al menos para mi. O quizá la tenga cuando con el transcurrir del mismo tiempo, de la misma vida echamos la vista atrás para recordar lo que fuimos o tal vez para recordar lo que soñamos en ese preciso instante. Son fotografías robadas al tiempo, a ese tiempo que señala las saetillas de un reloj el destino de nuestras vidas, la hora exacta de nuestra muerte.

saludos