jueves, junio 24, 2010

NEBLINA

Larga conversación con C. sobre el futuro, esa neblina. Resulta un tanto forzado, y hasta violento, tener que decidir a esas edades cómo resolver la propia vida. Y el caso es que el cauce burocrático, estandarizado, por el que transcurren nuestras existencias nos obliga a tomar decisiones tempranas que frecuentemente no tienen vuelta atrás, o sólo tienen remedio a cambio de no se sabe qué imponderables demoras y renuncias en esta carrera hacia ninguna parte. Trato, no obstante, de suavizar un poco el dramatismo de la situación. Hay cosas que sí tienen vuelta atrás. "¿Si no doy Latín en cuarto ya no podré hacer el bachillerato de letras, en caso de que me decida por ese camino?". Le digo que no importa, que yo mismo la prepararía durante el verano para que no se viera en situación de desventaja. De qué otras carencias y situaciones de desventaja no la podré librar, me pregunto. A su edad no recuerdo haber sentido esas inseguridades. A mí siempre me gustó lo que me gusta ahora: la lectura, los libros, los idiomas como otras tantas opciones para multiplicar las posibilidades de lectura; y creo que nunca me planteé seriamente abandonar el ámbito escolar, en el que sigo. Pero ahora no estoy muy seguro de que esas certezas de entonces, que han dado lugar a lo que soy, no hayan sido fruto de otros miedos más profundos, de mayor alcance incluso que la mera inseguridad respecto al futuro.

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