martes, junio 01, 2010

PLAYA

El calor lleva siempre consigo una invitación a una forma de vida más sencilla. Andar medio desnudo, o desnudo del todo, a la orilla del mar, con un vaso de bebida refrescante en la mano. Abandono a una sensualidad elemental. Relativización de todo lo que no se ajuste a esas mínimas exigencias. No sé si el calor nos hace más o menos civilizados: hay opiniones al respecto. O hay, como sobre casi todo, dos opiniones principales: la de quienes afirman que de un mundo de salvajes semidesnudos no puede esperarse nada que merezca la pena, y la que quienes asocian la barbarie a gente hirsuta y revestida de pieles, cabalgando por un páramo helado... Uno es ecléctico al respecto. La civilización posiblemente ocurre en el momento en que el bárbaro cubierto de pieles opta por la desnudez como solución estética, o en el que el del taparrabos encuentra un sentido ornamental, a la vez que simbólico, en las vestimentas que no necesita. La civilización es siempre gratuita. Y por eso su expresión más alta, en estos tiempos en que todas sus otras manifestaciones parecen sumidas en el descrédito, es la playa.

No hay comentarios: