viernes, julio 09, 2010

BANDERAS

Durante las últimas semanas hemos asistido a una proliferación de banderas nacionales en balcones y azoteas, con motivo del mundial de fútbol. Resulta extraño, porque aquí las efusiones patrióticas suelen ser escasas y no están del todo bien vistas. En eso diferimos de la mayoría de nuestros vecinos, que lucen con orgullo su bandera y no consideran que su exhibición les comprometa o les adscriba a algún sector particular del espectro político. Nuestros sentimientos al respecto son más bien tibios. La mayoría aceptamos respetuosamente los símbolos nacionales vigentes, pero casi nadie se anima a hacer un uso espontáneo de ellos en su vida cotidiana, para sumarse de ese modo a los grandes acontecimientos colectivos, sean éstos gozosos o dolorosos. El fútbol, a lo que se ve, es una excepción. Pero no se ven banderas para celebrar una efeméride patriótica, o para manifestar adhesión a los valores constitucionales cuando éstos son atacados. Lo contrario nos haría sospechar: si vemos una concentración de personas en la que se exhiba la bandera nacional, tendemos a pensar que quienes se manifiestan son de derechas, o incluso de extrema derecha; y si lo que llama la atención es la ausencia clamorosa de la bandera legalmente vigente, y ésta es sustituida por una amalgama de banderas rojas, tricolores y regionales, es que estamos ante un acto convocado por la izquierda... Seguramente el acaparamiento abusivo que hacen unos de la bandera legal se debe a la dejación irresponsable que practican los otros, y viceversa: en esto, como en otros aspectos de nuestra desoladora vida pública, se junta el hambre con las ganas de comer.

Sería interesante indagar en los motivos de este desapego o de estos usos partidistas de la bandera. Seguramente concluiríamos que se deben al recuerdo de la guerra civil. Pero esa explicación no basta, porque no hay estado europeo que no tenga periodos de su historia cuyo recuerdo pueda resultar vergonzoso o doloroso, y no por ello lo asocian a la bandera vigente en esos periodos. Italianos y franceses, que yo sepa, no abominan de sus respectivas enseñas porque éstas hayan cumplido su función durante los regímenes de Mussolini o de Pétain. En ese aspecto, la República Española de 1931 cometió un inmenso error táctico en el momento en que, al cambiar la enseña nacional, regaló a sus enemigos la otra.

Que ahora la veamos ondear con motivo de un torneo de fútbol da que pensar. Acaso es que los españoles, llegado el caso, saben olvidar sus diferencias, aunque sea por un motivo tan nimio. O tal vez lo que ocurre es que no vemos en los símbolos nacionales más que los colores de un equipo de fútbol. No sé si eso es bueno o malo. No pocos crímenes en este mundo se han cometido por seguir una bandera. Lo que a mí me preocupa, llegado el caso, es que tengamos demasiadas.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

11 comentarios:

Raúl dijo...

Durante mucho tiempo, un sector de la sociedad se ha apropiado de los símbolos patrios, como una forma distintiva de sus contrarios; algo así como aquello de "tengo, tengo, tengo,... tú no tienes nada...".

En cualquier caso, es algo que habla bastante mal de nosotros mismos, y nos descubre como un pueblo (este es un mal histórico) incapaz de aglutinarse cobre un interés común.

marinero dijo...

Yo me alegro de que el fútbol esté dando ocasión para que la bandera empiece a ser símbolo común y deje de serlo de unos pocos. También yo creo que la guerra civil es la clave, o una de las claves, de esa apropiación; pero no sólo ella, sino la dictadura de casi cuarenta años que le siguió, y que, para su fortuna, no tuvieron que vivir ni franceses ni italianos. El uso, ferozmente sectario, que durante ese larguísimo tiempo se dio a este símbolo de todos, lo dejó imposibilitado durante décadas para representarnos efectivamente a todos. Ojalá que, en efecto, las cosas empiecen a cambiar. Aunque sea gracias al fútbol.

J.Lorente dijo...

Aprovecho la ocasión para decirte que me pareces una persona inteligente, crítica y cerebral... Creo que yo soy todo lo contrario.

Al margen de que yo esté en contra de todo tipo de Radicalismo (Nacionalismos incluidos), hay que comprender una cosa... Estamos hablando de un deporte (que a mí, para colmo, no me gusta) y de una selección Nacional (o Estatal, como dirían los Nacionalistas). Como espectáculo, es algo que todos compartimos, y que los tuyos (Entre comillas) ganen algo, siempre es motivo de alegría y de unión... Incluso los Vascos y los Catalanes se han unido a la trayectoria futbolística de España, lo cual me alegra, pues eso demuestra que, por muy poco patriotas que seamos, siempre hay algo que nos une. Ojalá ese algo fuera algo importante, pero ya que es el Fútbol, bendito sea.

En cualquier caso, esperemos que el Domingo gane nuestra selección y lo celebramos... Aunque el Fútbol nos las traiga floja a algunos.

Un Abrazo y un Gol de Villa.

Olga B. dijo...

Yo paso bastante de fútbol y, sin embargo, me lo estoy pasando en grande con los mundiales. Me gusta ver a la gente contenta, como cuando nieva (es que aquí nieva muy poco).
Nunca he pensado, como tantos otros, que todos los que gritan en el fútbol sean poco menos que tontos. Creo que la mayoría saben muy bien que pasado mañana todo seguirá igual, pero no les importa apasionarse un rato y sentir eso que llaman "los colores". Yo reconozco que no puedo usar la bandera española con normalidad en mi vida cotidiana, no lo puedo evitar, no me siento unida a los gritos de viva España (pero yo quiero que viva España). También por eso me siento como culpable, aunque luego pienso que tal vez los culpables hayan sido otros. No sé. Con los mundiales se me olvida.
Supongo que eso le pasa a mucha gente.
Saludos (y gol de Torres).

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Ayer al colgar mi entrada vi que habías publicado una con un título similar. La mía no pretende ser, desde luego, ni una respuesta ni un complemento a la tuya.
Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por todos los comentarios, y enhorabuena por tu entrada, José Miguel, que incluye una argumentación política y jurídica de la que mi artículo, más impresionista, está exento. Creo que coincidimos en que, aunque no nos guste el fútbol, podemos congratularnos de que éste aporte un poco de distracción y alegría a la gente, siquiera sea para contrarrestar las muchas contrariedades que hemos tenido últimamente. Coincido casi punto por punto con lo que dice Olga, y sobre ese sentir paradójico respecto a los símbolos nacionales. Un saludo.

Olga B. dijo...

¡¡¡¡¡Campeones!!!!!!!
Bieeeeeeeeeeeen.

Me lo he pasado bomba, y eso que se nos ha ido la luz a mitad de la segunda parte por un tormentón que ha caído en Zaragoza, y hemos tenido que ir a pedir asilo en otra casa, jejeje

Me gusta mucho esto de ganar mundiales;-))

marinero dijo...

¿Ganar "mundiales", así en plural? ¡Bendito optimismo! Lo premiaría con un beso -con la mejor intención-, si ello fuera posible; quede aquí constancia electrónica del propósito.

Olga B. dijo...

Es un mundial muy de besos, marinero, fíjate el besazo que le ha plantado Iker a la Carbonero.
Ya seré pesimista mañana (más bien dentro de un rato) cuando me suene el despertador, oye.
Se agradece la intención, pero dicen que de buenas intenciones está lleno el infierno.

(Muaks:-))))

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Que sigan los besos, aunque sean electrónicos. A mí -¿lo diremos una vez más?- nunca me ha gustado el fútbol. Pero ha sido una victoria bonita, y una necesaria descarga de adrenalina para el personal, que andaba muy alicaído. Saludos.

marinero dijo...

Hombre, persistiendo en el propósito oscular, reconozco que hasta el infierno mismamente no iría, si ésa fuera la única manera de cumplirlo. Pero esperemos y confiemos que no haya que llegar a tanto...