jueves, julio 08, 2010

CARA DE PÓKER

No es lo mismo escribir en este cuaderno a primera hora de la mañana, como hago ahora, de vacaciones, que por las tardes, como suelo hacer cuando trabajo. La diferencia estriba en el modo de considerar la realidad: por las tardes pesa más el día cumplido -del que, no obstante, queda excluida la tarde-noche, que en estos días apretados puede ser una parte importante-; por la mañana, en cambio, uno suele inclinarse a las expectativas del día por venir, y, si escribe sobre el anterior, lo hace en tono de balance, porque ya entre ese día concluido y el que empieza media toda una noche. Si uno viviera solo y más o menos libre de consideraciones horarias, acudiría a éste diario justo antes de acostarme, al filo de la madrugada, a modo de éxamen de minuit baudeleriano, y daría cumplida cuenta en él de un día del que no faltaría siquiera el epílogo reparador, casi siempre dedicado al cine o a la lectura, que precede la hora del sueño. Pero eso también sería demasiado mecánico. Una de las funciones de este cuaderno, precisamente, es recomponer un tiempo descoyuntado, sobre el que pesan demasiadas obligaciones y servidumbres, voluntarias e involuntarias. Escribir en él supone, a menudo, reparar esa discontinuidad.

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Paul Muni. No se explica uno que, con esa cara y esa gesticulación simiesca, se pueda ser actor, e incluso buen actor. Lo veo en Scarface, terror del hampa, semanas después de haberlo visto en Soy un fugitivo, y teniendo en reserva La vida de Émile Zola. El mismo rostro y casi los mismos gestos al servicio, respectivamente, de un criminal sin escrúpulos, una víctima de la injusticia y un activista cargado de razón. Puede que ahí esté la clave. La cara no es el espejo del alma. Y un punto de gesticulación excesiva lo mismo alcanza a cubrir el vacío moral que las tribulaciones del hombre honrado. Lo contrario también es cierto, como lo demuestran las interpretaciones de Gary Cooper o John Wayne. Sin embargo, la inexpresividad no goza de tanto prestigio. Y la taciturnidad, menos, como bien sabemos los callados, los de cara de palo, los impasibles.

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Esta bruma que concentra todo el calor, y es en sí misma un atenuante del calor... Valga por lo de antes: esa bruma que viene a ser la cara de póker del cielo.

1 comentario:

Sara dijo...

"La cara de póker del cielo"...Me gusta!