miércoles, julio 07, 2010

ESCRUTINIO (y 3)

Termino este escrutinio, que ya se alarga demasiado. Y que, en realidad, no tiene fin: ayer mismo recibí otra remesa de ocho libros, entre ellos varios de poesía. Uno de ellos, premiado en un certamen literario, se lo regalaré a un amigo mío que todavía concurre a premios. Los demás, una vez leídos, pasarán al montón de los que esperan relectura, impresión última y acomodo en las estanterías. Serán carne de otro escrutinio, no de éste.

Que ya remato. Mencionaba ayer alguna editorial nueva, y hoy he de referirme a otra, la Compañía de Versos Anónimos, al que pertenecen dos libros recibidos y leídos este curso, a los que ahora asigno ubicación más o menos definitiva: Juguetes de Dios, de Rosario Troncoso, y El exilio de las alas, de Manuel Bernal. Este escrutinio no puede ser otra cosa que la constatación de los vínculos que me unen a los escritores que voy mencionando, o a sus editoriales, y que explican por qué llegan a mi casa estos libros, casi siempre bienvenidos, pero muchos de ellos portadores de extrañas desazones. Éstos de la CVA, editorial en la que han publicado, como pasándose el testigo, varios autores jóvenes de Cádiz, en una continuidad que se me antoja básicamente amistosa, vienen a recordarme, y en cierto modo a reprocharme, la soledad en la que uno se encontraba cuando le tocó la tesitura de los primeros contactos literarios y la búsqueda de las primeras ocasiones de publicar. No me quejo: los ochenta, ya lo anoté ayer, fueron una coyuntura muy favorable. Pero faltaba, al menos en mi caso, esta alegre concurrencia de amistad y poesía que aprecio ahora en estos nuevos poetas de mi entorno. La poesía debe servir para algo más que aislarse. O no, quién sabe. En todo caso, estas consideraciones sólo pueden plantearse a posteriori, cuando uno hace balance, y no en el momento de vivir las ocasiones a las que se aplican.

Algo de balance final tienen también, en fin, estas ediciones de J.R.J. que, con periodicidad un tanto irregular, viene publicando la Diputación de Huelva, y que yo recibo desde que otra iniciativa de esa institución, la de publicar una serie de pequeñas antologías de poetas andaluces agrupados por provincias, que se regalarían a lo largo de un verano a los lectores del periódico Odiel, me puso en contacto con la persona responsable de ambas. Fue un regalo del cielo, que me supone recibir en un par de ocasiones al año unos voluminosos paquetes con obras de J.R.J. publicadas individualmente, en volúmenes separados. He dejado aparte, para una lectura más atenta, los dos últimos que he recibido de prosa: el espléndido Españoles de tres mundos, que no entiende uno cómo no se propone como modelo y ejemplo de las posibilidades de la prosa española en todas las escuelas y facultades en las que se estudia literatura, y un no menos interesante primer volumen de Poemas en prosa. Y lo que guardo ahora, porque tengo reciente la lectura de lo que contiene, en un tomo que publicó Galaxia Gutenberg, es Poesía escojida VI (1942-1954), que incluye la posible reconstrucción de los tres libros finales de Juan Ramón: Una colina meridiana, Dios deseado y deseante y De ríos que se van. No deja uno de imaginar un futuro libre de compromisos y débitos de lectura, en el que uno no tuviera otra cosa que hacer que releer esta biblioteca juanrramoniana, ya completa, y eventualmente escribir bajo su benéfico influjo... Llegará, supongo, si uno vive lo suficiente.

Y termino con el tomito de Poemas escogidos de Luis Rosales que la Junta de Andalucía ha repartido por colegios y bibliotecas para celebrar el Día Internacional del Libro. Descree uno de estas iniciativas y de sus posibles resultados; pero debo decir que, en esta ocasión, la relectura del librito en cuestión me ha merecido la pena, siquiera sea porque me ha hecho reconsiderar una etapa de la poesía de Rosales a la que hasta ahora no le había prestado atención: la que representa su último ciclo, La carta entera, del que leo aquí un gran poema titulado "Dónde puede llevarle la obediencia", y del que me entusiasman otros poemas ("Madrid en su tempranería", por ejemplo), que releo en la antología que se publicó hace años en la efímera colección de poesía de Mondadori, de la que yo compré varios títulos cuando se liquidó en las mesas de saldo de ciertos grandes almacenes...

Dije ayer que pondría algo de los libros comprados en Londres. Pero no, porque dejo para el verano su relectura. No me vendrá mal un poco de prosodia foránea, para desintoxicarme.

No hay comentarios: