lunes, julio 05, 2010

ESCRUTINIO

Intento reducir un tanto la montaña de libros acumulados en los últimos meses, y que por falta de tiempo y espacio no he ubicado aún en las estanterías correspondientes. Y comienzo por los de poesía, que son los que más puntualmente leo, y los que más tardo en guardar, porque, cuando me parecen lo bastante interesantes, siempre pienso que merecen una relectura antes de que les llegue esa especie de condena al ostracismo que supone alinearlos en un estante con otros centenares de libros y confiar esa segunda o tercera lectura que seguramente merecen al azar de que un día yo pase los dedos por sus lomos y me detenga en alguno de ellos.

Pero es inevitable. Así que pongo manos a la obra. Quizá el más antiguo de los que he tenido amontonados hasta hoy sea Alianza y condena de Claudio Rodríguez, en la hermosa y oportuna reedición que hizo Cálamo. Merece la pena tenerlo a mano. Y le hago hueco junto a Desde mis poemas, el muy frecuentado tomito que le hizo Cátedra y que recogía sus cuatro primeros libros. Tiene su historia este libro, por cierto: guardo en él, por ejemplo, el recorte de la lectura que dio el poeta leonés en Cádiz en 1979 ó 1980 -no anoté la fecha-, y que fue el primer contacto que tuve con su poesía y con su persona, que dejo honda impresión en el adolescente que yo era: no tanto por el evidente estado de embriaguez en que se encontraba, y que luego supe que era una penosa dependencia que el autor arrastraba desde antiguo, sino por el contraste, digamos, entre las servidumbres personales, que este hombre parecía tener perfectamente asumidas, y la insólita capacidad de elevación de la palabra poética. Creo que fue entonces cuando entendí que la poesía, entre otras muchas cosas, incluye también un principio de redención. Que un buen poema bien vale una vida, y que ese mero derroche que es el vivir acrecienta notablemente su valía si su rastro tangible es la palabra poética... Bueno, es inevitable la hipérbole al tratar estos asuntos: valga como expresión balbuciente de una cierta clase de emoción, la que yo sentí entonces. En cuanto al librito propiamente dicho, las circunstancias de su llegada a mis manos fueron más bien pintorescas. Me llegó en un tren de libros que la institución correspondiente hizo circular por provincias ese año, y en el que compré no pocos títulos en los que hasta entonces no había reparado en mis todavía tímidas y titubeantes visitas a las librerías gaditanas.

...Pero ya veo que he agotado el tiempo de calentamiento, digamos, que dedico a escribir en este cuaderno, antes de centrarme en la novela que me reclama. Mañana sigo con este escrutinio de libros. Que ahora, mientras cierro el párrafo, me recuerda al que hicieron un cura y un barbero en casa de cierto conocido hidalgo manchego. Y cuyo resultado fue, ay, la hoguera.

2 comentarios:

marinero dijo...

Espléndida entrada. Sólo una mínima precisión bibliográfica: el tomito "Desde mis poemas" a que te refieres en ella, y que me imagino es el que yo mismo tengo a la vista en este momento, no fue publicado, como dices, por Alianza, sino por Cátedra, en su colección "Letras Hispánicas".

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Exacto. Corrijo el despiste. Muchas gracias.