jueves, agosto 26, 2010

CONCIENCIA

Asombra la nitidez del horizonte en estos días. El primer síntoma del otoño no es de orden meteorológico, sino luminoso. Desaparecidas las calimas de julio y agosto, el aire se vuelve más transparente. Las construcciones, barcos, grúas, etc. que veo desde mi ventana, al otro lado de la bahía, parecen trazados por un dibujante extraordinariamente minucioso, que no hubiera sacrificado ningún detalle. Nada de "atmósfera", nada de abocetamientos ni difuminos. Hasta uno, que padece desde hace algún tiempo esa humillación sobrevenida llamada "vista cansada", adornada con esas burbujas y nubes que con el tiempo se adueñan de la retina de los miopes, tiene la impresión de tener la vista más despejada, la mirada más limpia. Mirar, al fin y al cabo, es también una cuestión moral. La conciencia también la tengo en paz. Debe ser eso.

2 comentarios:

Olga Bernad dijo...

Pues felicidades por esa claridad en el horizonte de tu conciencia y por el breve y hermoso texto que ha inspirado.
Saludos.

Sara dijo...

Bellísimo.