lunes, agosto 23, 2010

LA IMPORTANCIA DE LOS ACENTOS

Vuelvo a este cuaderno después de haberlo tenido cerrado durante un mes. Es la primera vez que me permito una pausa tan prolongada, lo que, en el momento de ponerle fin, me deja en una situación de cierta perplejidad ante la naturaleza de las cosas que habitualmente traigo a este cuaderno, y que, por haber sido aplazadas, o fiadas al capricho o a las ganas de escribir de un indeterminado momento venidero, que es éste, ahora comparecen ante mí como desvaídas, o faltas de inmediatez o pertinencia. Uno esperaba lo contrario. En un mes, me decía, serán tantas las anéccotas, observaciones, opiniones, impresiones de lectura o de películas, etc., acumuladas, que, cuando me siente a escribirlas, casi no daré abasto: escribiré ex abundantia cordis, como dicen que escriben los escritores que verdaderamente tienen algo que decir, y no con esos tiquismiquis y esa poquedad de los que exprimen la magra cosecha del no-suceder diario. Agosto ha dado para mucho... Eso me decía. Y ya veo que no. Se vive con diario o se vive sin él. Acaso esta pausa larga prefigure otro momento que también habrá de llegar, en el que este diario será definitivamente cosa del pasado, y uno afrontará la tarea diaria de escribir, o de vivir para escribir, desde otros presupuestos y otros procedimientos. Todo se andará. De momento...

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Sudo como un mono mientras escribo las líneas precedentes. Recién vuelto de la sierra, experimento toda la inclemencia del verano en la costa. Y me acuerdo del tonillo de suficiencia con el que todos los años me preguntan algunos: "Oye, ¿y en la sierra no hace calor?". Y mi respuesta de siempre: "Lo hace, porque es propio del verano que haga calor. Pero no como aquí. Y, en todo caso, remite por las noches, y para dormir incluso hay que recurrir a veces al expediente de cubrirse con una sábana o con una colcha fina, lo mismo que, para permanecer sentado en una terraza hasta altas horas de la madrugada, hay que haber previsto llevar una chaqueta o un suéter". Y es curioso: no he visto a ningún promotor de eso que ahora llaman "turismo rural" emplear este argumento. Tal vez porque lo que corresponde en verano es asfixiarse, y nadie quiere ser tan pobre como para no poder contar, a la vuelta de sus vacaciones, que se ha asado.

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Donde quería decir antes sábana encuentro, al revisar el párrafo, que he dicho sabana; es decir, que olvidé poner el acento. Lo que da como resultado una afirmación de un surrealismo un tanto telúrico: cubrirse con una sabana; o, lo que es lo mismo, arrebujarse entre montañas, abrigarse con bosques, calzarse un prado...

2 comentarios:

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Bienhallado, José Manuel. Te envidio ese relente de la sierra.
Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Me alegro de encontrarte de nuevo por aquí, JM. Un abrazo.