martes, septiembre 21, 2010

EXCURSIONES

La semblanza sobre algunos pubs londinenses y los recuerdos literarios a ellos asociados que leo en Macedonia de rutas, el libro viajero de Antonio Rivero Taravillo, me aviva el recuerdo de mi propia experiencia de los mismos en mi viaje de la pasada primavera. Los pocos que frecuenté -The Minories, The Seven Dials...- porque viajábamos con C. y los menores de edad, con muy buen criterio, no son bien vistos en los locales británicos donde expenden bebidas alcohólicas...

Pero más viva incluso que la evocación de lugares me resultan, en el mencionado texto y en otros inmediatos del mismo libro, las de lecturas. Cada una de ellas me lleva a hacer la correspondiente excursión a mis estantes, de los que voy sacando, entre otros, la Poesía incompleta de Aquilino Duque, para recordar su "Elegía de Madingley Hill", el breve tomito que reúne las Obras de Rupert Brook, en el que releo "The Soldier"; o el de Claudio Rodríguez en el que viene su poema "El gorrión"... Se mencionan estos tres en el texto que Antonio Rivero dedica a Cambridge. Vale cada una de estas pequeñas excursiones como todo un viaje. Y acabo incluso algo cansado de tanto ir y venir, como al final de un impagable día fuera de casa.

***

Creo que no falto al respeto que merece toda vida cumplida si anoto aquí que me causa cierta perplejidad el derroche laudatorio que ha suscitado el fallecimiento de José Antonio Labordeta. No es que no merezca el sincero homenaje de quienes lo conocieron y trataron, o de quienes simpatizaron con las actitudes que encarnó. Pero resulta, por un lado, un tanto contrario al decoro -en el sentido teatral o literario de esta palabra- que el catafalco de un inconformista vaya acompañado de ministros, o que su elogio fúnebre lo haga un monarca reinante; y, por otro, hasta un bisoño bachiller de los de ahora se habrá dado cuenta de que la simpática trayectoria del fallecido, que lo mismo lo llevó a rasguear una guitarra en los abigarrados conciertos protestatarios del último franquismo, que a emular a Cela en su faceta de andarín por trochas y figones, pasando por la política y la literatura, está recibiendo un tratamiento informativo digno de un premio Nobel. Ramón Gaya y José Antonio Muñoz Rojas, dos artistas grandes y hondos, hicieron ese tránsito con muchísima más discreción. Delibes mereció loas y portadas, pero en este caso sí se aunaba el reconocimiento público y la contundente realidad de una gran obra. Lo de Labordeta fue... otra cosa. Descanse en paz.

14 comentarios:

César Romero dijo...

Enhorabuena por su entrada sobre el tratamiento de la muerte de Labordeta. Aunque no me extrañaría que, como le pasó al gran Eduardo Jordá a propósito de un artículo sobre Delibes, le caiga un muro de esos de "feisbú" declarándolo non grato por Zaragoza y alrededores.
Que fuera un hombre campechano, agradable, querido (sin ir más lejos, yo no me perdía ni uno de los capítulos de la serie con la mochila) puede justificar lo de sus paisanos, que como todas las tierras, y más los terruños, necesita sus santos y devociones (y en esta época que presume de laica pero que, ay, no lo es, mejor santones), pero de ahí al despliegue de los medios, los ministros y demás... Me parece un pelín exagerado.
Eso sí, siempre es preferible ver en la tele la cara bonachona de Labordeta antes que la engreída de "Adolf" Sarkozy o la insulsa y caricaturesca de Zapatero mintiendo una vez más ante ese muro de las buenas intenciones que es la ONU, y quedándose tan (p)anchos.
Saludos

Anónimo dijo...

¡Cuánta razón tienes! Semejante despliegue para Labordeta y todavía seguimos sin saber nada sobre la lesión de Messi.

Olga Bernad dijo...

Bueno, yo creo que serás muy gratamente recibido en Zaragoza y alrededores, al menos por esta zaragozana. Tienes toda la razón, lo de Labordeta fue otra cosa.
Comprendo por eso que haya quien no lo puede entender.
Lo importante no es que vayan ministros o no, sino que la gente lo ha sentido de verdad. Y eso lo digo con conocimiento de causa. Sus paisanos no necesitamos justificación (me ha sorprendido mucho esa palabra en el primer comentario) alguna por sentir lo que sentimos: es así y punto.
Personalmente no necesito ningún santón ni presumo de laica, pero me importa muy poco que parezca exagerada una cosa que es simplemente grande: la capacidad de algunas personas para llegar a otras y para ser recordadas con respeto y hasta cariño, sí.

En cualquier caso, por una cuestión de buenas costumbres o algo así, ante una muerte y unas expresiones sinceras de dolor ajeno que tampoco se meten con nadie, uno no debería nunca juzgar lo que no entiende ni comparte.

Saludos.

marinero dijo...

Alguna vez he expresado mi coincidencia con opiniones de Olga Bernad, a quien no tengo el gusto de conocer, en éste y en otros blogs. Expreso ahora algo más: mi admiración. Que en este país, tan cainita para tantas cosas, alguien pueda indicar su disentimiento con la elegancia, discreción y respeto con que ella lo hace, le alegra (de veras) a uno el día. Gracias.

Sara dijo...

Creo que planteas aquí dos cuestiones. Una es el sentir de un pueblo ante la muerte de un personaje público como Labordeta -algo que, como bien dice Olga, tiene mucho que ver con su calidad humana, con esa "capacidad de algunas personas para llegar a otras y para ser recordadas con respeto y hasta cariño". La otra es una cuestíón más normativa, ya que plantea el tema de la cobertura informativa 'apropiada' para un personaje u otro. Aquí los medios de comunicación tendrán sus criterios (dictados por algo más objectivamente "medible", como por ejemplo los premios acumulados a lo largo de toda una carrera artística o intelectual, etc.) pero no sería la primera vez que se los saltan... Y hacen bien. Saludos.

César Romero dijo...

A veces el dolor puede nublar la mente. Mi comentario veía un "pelín exagerado" el "despliegue de los medios, etc.", luego de poder ver justificado (probado convincentemente: basta con mirar un diccionario) el dolor de sus paisanos. Creo que estaba claro, al menos debería estarlo para quien, además de lectora, es escritora. Pero bueno, no me importa volver a explicarme.
Hombre, en cuanto a que ese dolor ni lo entiendo ni lo comparto (ojo: no lo he juzgado; sí el despligue "mediático"), ¡quién está libre de una muerte cercana, próxima! Ese razonamiento (no es de aqui, no puede entendernos)es tan poco razonable... Soy sevillano (y sevillista), y exagerado, exageradísimo, me pareció el despliegue cuando la muerte del joven futbolista Antonio Puerta.
Que ni el dolor, ni la cercanía, nuble la mente ni la perspectiva de las cosas. Ni darle su justa medida.
Saludos

Olga Bernad dijo...

Hombre, César, no se pase, de verdad. Lo de "A veces el dolor puede nublar la mente" es una frase que ningún escritor usaría sin sonrojo y una pésima manera de establecer un diálogo. Sobre mi capacidad para la comprensión lectora, le diré que le he entendido muy bien, de hecho he entendido mucho más de lo que me gustaría. Y se lo digo con sincera tristeza, ya que su segundo comentario (menos mal que a usted "no le importa" volver a explicarse, claro) me lo confirma. Los medios le dedican tiempo porque saben que hay un interés detrás y porque han observado la respuesta de la gente; de lo contrario, no crea que sería para tanto.
Yo me alegro, usted no. Pues nada. Venir a sacar pelos a una calavera ahora mismo es bastante absurdo.

Enrique dijo...

Señor Benítez, ¿Conoce usted la obra del señor Labordeta?. Escriba algo que demuestre que la conoce. Lo que es insufrible son esos dictados rositas y epidémicos de los diarios. Regla de oro de un supuesto escritor es saber de lo que se escribe. Coincido con esta muchacha, OLga, que pierde el tiempo como yo en alclarar estas cosas.

Un cordial saludo

Olga Bernad dijo...

Me pasa con al señor Romero, que no me importa volver a explicarme.

Por cierto, sentí muchísimo la muerte de Antonio Puerta, y entendí que ese poquito de memoria era lo único que su afición podía ya ofrecerle.
¿Fue exagerado el despliegue mediático? Pues no lo sé, pero con la cantidad de cosas verdaderamente injustas que hay para criticar en la tele, a mí no se me ocurriría, antes de que estuviera ni enterrado, empezar a sacar peros al asunto. Que duela verlo ya es lo de menos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La verdad es que, acostumbrado a que estos apuntes no susciten apenas comentarios -no tienen por qué: son ocurrencias de un particular sobre cuestiones que normalmente no tienen ninguna relevancia-, me abruma encontrarme, al llegar a casa, con los nueve precedentes, y el apasionamiento que advierto en algunos de ellos.

Por supuesto, no era mi intención herir los sentimientos de nadie. Mi nota se refiere básicamente al oportunismo de los políticos -que no creo que nadie me niegue- y a la bobaliconería de algunos periodistas. Yo también veía con agrado la serie de televisión del finado, y recuerdo con benevolencia -que no con admiración, lo reconozco- sus canciones, como aquella que hablaba de un árbol que había que plantar y dejarlo crecer, etc., "igual al socialismo que tenemos que hacer". Sé que fue también un profesor querido, y supongo que una persona que ha dejado un recuerdo entrañable en muchos. No creo haber puesto en duda su capacidad de concitar simpatías, y desde luego cuenta con la mía. Pero entristece un poco el espectáculo de un país sin sentido de la medida, o donde esa falta de referentes da pie a despliegues mediáticos en los que el dolor sincero se mezcla impunemente con la mera hipocresía. Por supuesto, agradezco la mesura de mi amiga Olga, a la que imagino justamente irritada con mi inoportunidad. Si por algo siento haber suscitado este debate, es por ella. Un saludo a todos.

Olga Bernad dijo...

Ay, no. Lamento haber entrado demasiado al trapo con algún comentarista, pero el "tonillo" de condescendiente desprecio me pone a cien, sorry;-) Y sí que me duele.
Tampoco me ha gustado el panfletarismo de algunas reseñas laudatorias que he leído por ahí, pero creo que es un momento para dejar hacer y respetar. Mañana ya no os hablarán de la muerte de Labordeta; a pesar de lo que decía James Bond, sólo se muere una vez. Simplemente apunto que el personaje no puede medirse con baremos meramente literarios o meramente ideológicos, es un conjunto muy curioso de factores. Las cuestiones de medida son complicadas, José Manuel; más que exagerada, yo creo que la reacción ante su muerte ha sido sorprendente. Y me alegro por él.
Pero no me extrañaría nada que él hubiera estado de acuerdo contigo;-)
Descanse en paz.
Un abrazo.

Sara dijo...

Olga, tu reacción ante ese tonillo de condescendiente desprecio es inteligente, y muy elegante. Es un gusto encontrar en la blogosfera a personas como tú.

César Romero dijo...

Entender que uno ha dicho lo que no ha dicho o entender tanto que se le atribuye lo que no ha dicho, eso sí que me parece "condescendiente desprecio".
Para qué repetir lo ya dicho: sólo se leerá lo que se quiera entender. En fin.
Saludos

Olga Bernad dijo...

Lo leo ahora y pienso que una cosa es verdad: no hay nada más difícil que defenderse de una intención que otro nos supone y que tal vez no sea la existente. A mí me ha pasado y no me gusta. Pero no fue desprecio sino cabreo (no sé si eso me disculpa mucho;-).
Lamento haber puesto una pasión que estaba de sobra, no debería hacer falta enfadarse con nadie para defender lo que uno quiere.
Mis disculpas, si quiere aceptarlas y si le llegan ya, tan tarde.