lunes, septiembre 20, 2010

REFLUJO

En la playa, en lo que seguramente sea la última ocasión del verano que termina. Se alterna el sol y los nublados. Poca gente parada en la arena y mucha circulando por la orilla, en lo que parece el ritual de constatación, de último esfuerzo por acumular sensaciones, que precede a las despedidas. Predomina la gente madura; y entre ella, curiosamente, muchas mujeres en topless, en lo que resulta una curiosa exhibición que recuerda más al abandono doméstico, al mero andar por casa en deshabillé, como se decía en las novelas antiguas, que al esplendoroso despliegue de desnudez consciente que predomina en los días centrales del verano. Ambiente de piscina vecinal, o de sauna. Uno mismo asume la parte que le corresponde en esta expansión de viejos, de la que, modestamente, y por comparación, sale uno favorecido... Incluso se me ha pegado algo el sol. Mientras escribo estas líneas, en la tarde del domingo, siento el inevitable reflujo del calor recibido sobre la piel más o menos reparada por la ducha y un rato de siesta. Y es como si la sensualidad del verano, casi ausente en esa mañana de viejos paseando al sol, quisiera dejar un último recuerdo de languidez, de pereza, de atenuación y casi desaparición de todo lo urgente y forzoso. Mañana será otro día.

No hay comentarios: