miércoles, septiembre 08, 2010

RENOVACIONES

Sigo con mis hábitos tempraneros. Hoy a primera hora de la mañana he renovado mi inscripción y la de mi familia en el curso de natación que se imparte en ciertas instalaciones universitarias cercanas a mi casa. He rellenado nada menos que... siete papeles, entre las inscripciones propiamente dichas, las domiciliaciones y demás. Luego he ido a renovar mi matrícula como alumno de postgrado, que es lo que me permite disfrutar de estos servicios de la universidad, y eso me ha supuesto rellenar otro papel. Ayer, en el trabajo, decidimos el reparto de grupos correspondiente al nuevo curso... Doy cuenta de todo esto porque me llama la atención que la mera reanudación de la rutina -de una rutina, por otra parte, establecida desde hace años- exija tantos trámites y la renovación explícita y por escrito del compromiso de uno con todos y cada uno de los componentes de la misma. ¿Acaso es previsible que uno fuera a hacer otras cosas, a organizarse de otro modo? Lo sorprendente sería lo contrario. Entonces sí: entonces tendría uno que acudir al negociado competente para comunicar a quien corresponda que uno ha decidido dejarse rastas, por ejemplo, y dedicarse a la venta ambulante por las playas de la provincia; o hacerse mercenario en Darfur o en la frontera afgana, por ejemplo, donde se libran las últimas guerras de la Edad Media. Sería muy conveniente que alguien se ocupara de constatar estos preocupantes cambios en las perspectivas vitales; y, llegado el caso, de desaconsejarlos enérgicamente.

¿Y cómo sería la propia percepción del tiempo si no le impusiéramos la fantasía de su renovación cíclica? Un largo y lento transcurrir, sin duda, en el que no se tendría la apremiante sensación de ir quemando etapas para llegar, a la postre.... a donde llegaremos de cualquiera de las maneras.

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