lunes, septiembre 13, 2010

UN PUENTE


Acaso hacerle el último escrutinio a los libros de un difunto no sea, después de todo, sino un acto piadoso. Cuánto se parece a veces la piedad al expolio. Pero el caso es que los libros de los que hablo no los quiere nadie. Y entre ellos hay muchos que ni siquiera el bibliómano más impenitente -tampoco es ése mi caso- se sentiría tentado de guardar: esta colección de tomos encuadernados de Selecciones del Reader's Digest, por ejemplo, a cuyo favor podría alegarse el mérito de la antigüedad, pues se inicia en los años cuarenta... O estas enciclopedias avejentadas, cuya tipografía e ilustraciones parecen haber adquirido, con los años, una belleza que sobrepasa en mucho el valor práctico que han perdido. No, de nada de eso puedo hacerme cargo, con todo el dolor de mi corazón. Pero se me acelera el pulso cuando encuentro, en la montaña de libros, las Obras completas de Jardiel, en una hermosa edición mexicana; o las de Wenceslao Fernández Flórez, en la primera edición en siete tomitos en octavo que hizo Aguilar; o las Memorias de Casanova, en dos tomos; o un hermoso Quijote y un bello ejemplar ilustrado de Las mil y una noches, de aquellas ediciones de lujo que hacía Sopena en los años cincuenta. Lleno una caja de libros. Y esa noche, mientras los ojeo, siento un extraño vértigo al pensar en el destino que aguarda a los que he acumulado a lo largo de mi vida, incluyendo éstos. Quién expurgará la colección, despreciando acaso aquellos a los que más horas he dedicado, y en los que se sustentaba mi rutina de lector.

***

El retrato que me ha pintado José Antonio Martel (el "J.A.M." de estas notas): hasta hoy no habíamos tenido ocasión de sacarle unas fotos. Las hace el propio pintor. Y, mientras tanto, observo algunos detalles en los que quizá no había reparado hasta entonces. La montaña que se ve tras la ventana, ocupando casi todo el hueco, es la que aquí llaman Sierra Alta; y el pequeño pico que asoma a su izquierda es el que da su nombre a la Sierra de la Silla. El librito gris que tengo a mi derecha, y sobre el que se apoya un objeto con brillos metálicos -mi reloj de pulsera, que habitualmente dejo en la mesa, a la vista, mientras realizo cualquier faena- es un ejemplar de mi Diario de Benaocaz. La luz es de principios de junio; y, sin embargo, voy abrigado -llevo uno de esos jerseys de excursionista que llaman polares-, porque el mes de junio aún acarreaba vestigios del invierno inclemente que acabábamos de dejar atrás... Cada vez que mire este cuadro, o alguna de sus fotografías, tendré presente esa extravagancia meteorológica. Es, junto con la presencia de mi libro entonces recién publicado, y la esplendorosa luz de junio, uno de esos detalles particulares que te devuelven la sensación de un momento vivido. Y que, por exclusión, permiten sondear el monto de lo que también fue vida y, sin embargo, está olvidado ya. Una obra de arte es sólo un puente. Un puente que atraviesa un vacío.

5 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Tus manos, José Manuel, parecen arañas voraces sobre las pobres teclas de un piano. Buena pintura. Un abrazo.

Sara dijo...

Me gusta mucho este cuadro... ¡ah, y esa luz del mes de junio andaluz! :-)

eutelia dijo...

de haber sido una fotografia...¿te produciria lo mismo?, hay un aprecio por la mano que pinta que tiñe la sensacion del cuadro, eso esta bueno, el mismo afecto por el que se atesoran ciertos libros y uno recuerda el momento en que se los leyo..tengo una entrada parecida.."ay Daguerre" en mi blog, un poco mas en sentido de jodedera, que es lo que mejor se me da en algunos momentos,
saludos,
tania jose
www.albinovino.com

Mery dijo...

Curiosamente la misma pregunta me la hago a mí misma: ¿qué será de mis libros? ¿Acabarán quizás en un mercadillo de medio pelo, aireando sus dedicatorias y sus fechas, mi firma y otras peculiaridades?

Por otro lado felicitarte por tener a mano un artista que crea puentes para la posteridad. Es un lujo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por los comentarios. Al pintor también le gustarán. Un saludo a todos.