martes, octubre 05, 2010

ALQUIMIA

No, esto que estoy haciendo ahora no puede llamarse labor "de documentación"; en todo caso, de mera ambientación sentimental. Leo, por ejemplo, estas cartas de hace veinticinco años. La información personal que contienen me sigue concerniendo y emocionando, qué duda cabe. Pero lo que realmente me interesa de estas cartas, remitidas desde Madrid, Londres, Jerusalén o Nevada, no es lo que quienes las escribieron me cuentan de sí mismos -tan convencional, imagino, como lo que yo les contaría a ellos en mis propias cartas- sino los inesperados detalles que dan sobre la realidad objetiva circundante. La descripción de un paseo, del bar desde el que me escriben, del tiempo que hace, de los libros que leen y los discos que escuchan... Ésos son los datos que, de pronto, me devuelven el color y la tonalidad sentimental de aquella época. Lo que, a su manera, constituye también una lección literaria de primer orden. Lo que importa en una novela no es lo que los personajes dicen de ellos mismos, sino lo que el entorno creado o recreado por el autor induce al lector a pensar sobre esos personajes, despojados de las máscaras bajo las que ellos mismos se ven... Quienes me escribieron estas cartas, naturalmente, son ajenos al uso que ahora hago de ellas. Desde aquí les pido disculpas. Y les digo ya que los personajes que han de aparecer en la novela no son ellos, no podrán serlo nunca, como el protagonista de la misma, por eso de la alquimia que afecta al escritor en cuanto se decide a escribir ficción en primera persona, tampoco puedo ser yo.

2 comentarios:

Saray Pavón dijo...

Hola José Manuel. Recién te descubro en la biblioteca y busco y encuentro tu blog. Quería preguntarte si puedo leer tu poema "Aniversario" para un programa que se emite en Radio Estilo y que trata sobre esa temática. Evidentemente diré que es tuyo y mencionaré el libro.

Ya me dices.
Un abrazo,
Saray.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No hay inconveniente, Saray, todo lo contrario. Un abrazo.