miércoles, octubre 06, 2010

ANACRONISMOS

De pronto, en el trabajo, olor a sardinas, procedente de un chiringuito próximo, todavía en funcionamiento. En la playa, viejos y gente que de alguna manera se ha sustraído, voluntariamente o no, a la rutina laboral. Una mujer ya entrada en años -me cuenta M.A., que la ha visto desde el coche, mientras me esperaba- parece haber cedido repentinamente a la tentación y se despoja de sus ropas para meterse en el agua en bragas y sujetador. Del verano ya sólo queda eso: los flecos, los gestos aislados, la extravagancia de lo anacrónico. Uno mira el mar desde un ventanal. Anda encabritado. Sí, también él reclama un descanso.

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Nos pasa, sobre todo, a las personas que nos consideramos ordenadas. A veces se nos pierde algo y uno lo interpreta, no como un simple azar perfectamente asumible, sino como una especie de colapso de las facultades en las que uno más confía. Se ha extraviado un simple papel, sí, pero lo que tememos es haber perdido la razón, la lucidez o la confianza en nosotros mismos.

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Quienes saben de esto dicen que lo verdaderamente incontrolable de nuestras cuentas públicas es lo que depende de las autonomías; es decir, que lo que no es viable, desde un punto de vista meramente contable, es la organización política y territorial del estado. No sé si eso quiere decir que ésta debe cambiar. Uno nunca ha sentido el fervor regionalista, y, cuando me han preguntado si prefiero monarquía o república, siempre he dicho que ni una cosa ni otra, sino... république. Aunque también ese bendito estado, que concentra sus máximos poderes en un presidente elegido y confía la organización del mismo a un Código Civil y el gobierno de sus regiones a la prefectura, deja mucho que desear cuando descendemos a la menudencia de la política diaria.

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Y ahora pienso en esos voluntarios de mi tierra que, ataviados con uniformes de comienzos del siglo diecinueve, han renovado hace unos días el voto patriótico por el que sus antepasados juraron resistir al francés. Cosa de las efemérides que se andan preparando, y que prometen tener mucho de mascarada. Y uno presumiendo aquí de todo lo contrario: de afrancesado.

3 comentarios:

Mery dijo...

Anacronismos en el mar y en el asfalto.
Vienen a recordarnos que no sirve de mucho ser ordenado e intentar controlar tu vida (ilusa pretensión casi siempre).

Un abrazo

Sara dijo...

Ni sé quiénes son los que "saben" de cuentas públicas, ni creo que sea éste el lugar idóneo para hacer un comentario sobre la organización territorial del estado español. Pero lo que sí quería decir es que me encanta pasearme, casi todas las mañanas, por esta ciudad tuya. Gracias por estos magníficos apuntes que me acercan a esos paisajes y a sus gentes, sus olores, su sabor... Saludos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

A veces los anacronismos físicos delatan a los mentales o históricos, Mery, como muy bien adviertes. Y, Sara, me alegra mucho que estas notas te acerquen esta ciudad. Un saludo a las dos.