jueves, octubre 07, 2010

LO VIVIDO

Esta muchacha de tipo y color inconfundiblemente africanos, seguramente procedente de uno de esos países que en la moderna geografía humana ahora se llaman "subsaharianos", y que antes conformaban simplemente lo que se denominaba el "África negra". Está libre el asiento a su lado, en el autobús. Lo ocupo y cruzamos una breve mirada. Como siempre, abro mi carpeta y saco mis arreos de leer: lo que ahora tengo entre manos son los originales de un concurso de cuentos del que soy jurado... Y se me ocurre, mientras paseo la mirada por la tipografía casera de estas historias más o menos previsibles, y siento en la palma de la mano el contacto del gusanillo con el que están cosidos los folios, que los cuentos verdaderamente interesantes son los que ocupan a cada uno de estos personajes que me rodean, y que incluso mi breve convivencia diaria con ellos bastaría, aliñada con alguno de esos ingredientes extravagantes que constituyen el desencadenante de los cuentos, para deparar otras tantas historias. Y de pronto, como si la negra me hubiera leído el pensamiento, siento su apretada pierna derrumbarse sobre la mía. La miro: se ha quedado dormida. Yo mismo doy a veces cabezadas en este trayecto que, con su traqueteo monótono, se cobra la deuda de sueño contraída a lo largo de la semana. No me muevo, ni siquiera aparto la pierna, por temor a despertarla. Lleva la cabeza caída sobre el hombro. Duerme, como suele decirse, como una bendita. El sol de otoño que entra por la ventanilla no es ajeno al efecto soporífero del viaje. Uno, reconfortado por ese mismo sol, no quisiera otra cosa que reclinar la cabeza sobre la compañera de trayecto y abandonarse también al sueño. Pero...

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Lo que me preguntan en este amable cuestionario que me envía la editorial resulta, qué duda cabe, de una pertinencia abrumadora. ¿Se le ocurre -viene a decir- algún motivo por el que alguien quisiera leer su libro? Lo que me piden, en fin, es alguna razón plausible que pudiera alegarse a la hora de promocionarlo. Buena pregunta, me digo. Supongo que, si uno ha escrito ese libro, y ha hecho las gestiones necesarias para que unos pocos troncos de árboles, convertidos en pulpa de papel, sean empleados en darle concreción física, es porque tendrá buenas razones para incurrir en esa petición de confianza (la que se hace a los lectores) y ese dispendio ecológico. Y se me ocurre que un buen argumento a favor de la pertinencia de esta nueva novela mía (Vida nueva se llama) es el que apela a la identificación generacional, en un sentido amplio, con el lector. Un lector al que se invita a recorrer el mismo camino que previamente uno ha recorrido, en busca, no de las experiencias más o menos consagradas por la memoria colectivamente recreada de los años vividos, sino de esas otras sensaciones y experiencias que esa memoria colectiva ha querido olvidar o soslayar. Aplíquese a todo eso al marchamo periodístico con el que se conocen esos años (la Transición) y cada uno encontrará razones para reconocer que, pese a que todo lo concerniente a esos años está ya contado, lo que verdaderamente concierne a cada cual quizá esté ausente de esos relatos con final feliz. O que ese "final feliz", en fin, supone precisamente el olvido de todas esas desazones individuales.

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Estudios no terminados, años pasados en París, en Marruecos, en diversas ciudades españolas; otros tantos hombres... A sus veintiocho años, esta chica ha vivido más, muchísimo más, que éste que le lleva casi veinte de ventaja. O menos, quién sabe, porque todavía no está claro que en el cómputo de lo vivido pueda anotarse lo simplemente esbozado y no apurado del todo. Digo yo.

3 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Eso de los arreos de leer me ha gustado mucho. Es un hallazgo.

Sara dijo...

Buena sorpresa al ver que en Amazon están disponibles algunas de tus obras. Mientras siga sin tener un lector de "ebooks", dependo de distribuidoras locales...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Ridao. Dado lo difícil que es a veces leer en el autobús, creo que a la aparatosidad del proceso le conviene esa palabra.

Y a ti, Sara, por tu interés. Si miras la columna derecha del blog, verás que he puesto un par de enlaces en los que se pueden encontrar muchos libros míos. Y también pongo el teléfono de la librería Manuel de Falla, de Cádiz, que es excelente, y en la que tienen todo lo que he publicado. Sirven pedidos por correo.