viernes, octubre 15, 2010

SEÑORITA

Este viejo político socialista, al que uno creía ya jubilado, ha vuelto a atraer sobre sí la atención de la prensa por haber llamado “señorita Trini” a una compañera de partido, lo que ha sido considerado una grave ofensa por la aludida y otras militantes del mismo. Contraponía el viejo político a la ofendida, que acaba de perder unas elecciones internas en el partido, con el ganador de las mismas, a quien llamó “señor Gómez”. Entiende uno la irritación que han causado estas declaraciones. El viejo socialista, partidario del señor Gómez en esa coyuntura, creyó oportuno dirigirse a la rival de éste en un tono, si no abiertamente despectivo, sí un tanto empequeñecedor. Pero el lenguaje no sólo sirve para intercambiar cortesías versallescas (lo que los políticos hacen a veces con una hipocresía que hace chirriar los dientes), sino también para lanzar pullas; y si la pulla, como es el caso, se manifiesta tan sólo en el tono, bienvenida sea: peor hubiera sido un insulto soez o una descalificación plena, como las que otros políticos intercambian diariamente.

Pero a lo que iba: si me meto en este berenjenal, que ni me va ni me viene, es porque lo que me parece despectivo, o empequeñecedor, en la expresión “señorita Trini” no es, precisamente, el tratamiento de señorita, sino el uso público de un diminutivo confianzudo y privado. Y en eso, me temo, el viejo político no ha hecho más que atenerse a los usos consagrados en su partido. “Trini” es cómo llaman a la aludida incluso quienes la han apoyado en las susodichas elecciones internas; “Trini” es el nombre que ha aparecido impreso en los carteles. Y “Trini” es el nombre con el que esta baqueteada política, que es aún ministra, pasará a la Historia menuda de la corte madrileña, la que cantarán y escarnecerán los valleinclanes y galdoses del futuro.

Lo otro, el uso más o menos anacrónico de la palabra “señorita”, no me parece tan grave. Reconozco que a mí apenas me sale, tal vez por falta de ocasiones para usarla. En el trato social y profesional se impone enseguida el tuteo, seguramente porque ya nadie domina el arte de emplear las viejas fórmulas de cortesía en un trato que se quiere fluido y eficaz. Y sólo muy de cuando en cuando sorprende uno, en el habla de las personas mayores, o en el modo en el que éstas se dirigen a una mujer joven, este tratamiento al que, por qué no decirlo, no le sienta del todo mal el aire de ligero anacronismo que ahora tiñe su empleo. Antaño ser “señorita” implicaba no ser del pueblo llano, no ser meramente moza o muchacha, como lo eran las criadas y las campesinas. Esa discriminación real desapareció hace mucho. Lo otro, el tiquismiquis semántico que busca motivos de agravio en lo que son simples cuestiones de uso, promete en cambio tener larga vida. Como si no hubiera otras discriminaciones que combatir.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

6 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Totalmente de acuerdo contigo.
un abrazo.

Sara dijo...

Así es como ella ha querido que se la llamara en público- recuerda que el eslógan de su campaña era "Trini Puede". Estamos acostumbrados a ver este uso de diminutivos en la vida pública en países anglosajones pero no en España, donde suena, no sé si despectivo, pero sí un tanto absurdo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Juan Antonio: tu artículo y el mío se complementan. Y muy cierto lo de los países anglosajones; aunque el único presidente americano que consagró el diminutivo, que yo recuerde, fue Carter, tan débil en tantas cosas. Ni Clinton fue "Clint" ni Reagan fue "Ron" o "Ronnie".

E. Cabello, "Las Cumbres" de Ubrique dijo...

A nosotras, las maestras, nos siguen diciendo señorita en las escuelas y en los institutos, aunque tengamos ya cincuenta años y se dirijan a nosotras muchachos y muchachas de más de dieciocho.
Y es verdad que a mí me molesta que me digan "Señorita Espe",porque me cortan el nombre, aunque me encanta cuando me dicen "Hola, seño".
Incluso algunas veces, sobre todo cuando hablo con los padres o madres de los más pequeños, yo misma digo "Soy la señorita de su hijo".
Así que, por mí, puede seguir tranquilamente esa palabra, que no me parece en absoluto despectiva.
Saludos

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Parece mentira, dada mi profesión, que no haya caído yo en esa acepción que dices. Hermoso comentario.

Mery dijo...

A mi me suena casi al típico "señorita Puri" de la antigua megafonía de El Corte Inglés. Pero eso echándole imaginación y un poquito de mala uva.
No viene a cuento tanta falsa ofensa cuando otras preocupaciones tienen en vilo al país entero. Razón tienes.
Buenas noches y un abrazo.