lunes, noviembre 08, 2010

CONCIENCIA TRANQUILA

Sin escribir en este cuaderno desde el miércoles. Y eso que se supone que estos días soy dueño absoluto de mi tiempo. Pero el tiempo tiene a veces un modo particular de llenarse, independiente de los deseos o expectativas de su presunto dueño y administrador. El jueves asistí a un acto literario y luego, para sacudirme las neuras, timideces y demás excrecencias de las que le salen a uno cuando juega en campo ajeno, me metí en un cine, a ver la última de Woody Allen, Conocerás al hombre de tus sueños. Una película bastante sombría, nada apropiada para levantar un estado de ánimo que ese día estaba bastante baqueteado ya por la soledad y las inseguridades. Para colmo, a la vuelta me salté una parada de metro, lo que me obligó a desandar un larguísimo trayecto. Llegué a casa tarde y con pocas o ninguna gana de anotar las vicisitudes del día en este diario.

El día siguiente fue mejor. Fui al Archivo de la Comunidad de Madrid y allí me trataron espléndidamente; como si, en vez de estar recabando datos para una novelilla, lo estuviera haciendo para redactar el estudio definitivo que ha de sacarnos de la crisis, resolver el enredo político permanente en que vivimos y abrirnos unas inmejorables perspectivas de futuro... Una muchacha muy competente me puso sobre la pista de una colección de revistas de la época en las que encontré datos, estadísticas, fotos y artículos relativos a muchas de las cuestiones que pretendo abordar en la novela. No hubo más que revisar toda esa documentación y echar la memoria y la imaginación a volar. Para celebrarlo, almorcé fuera de casa, con I. y mi sobrinilla, que viven cerca, y la sobremesa se alargó hasta bien entrada la media tarde, así que... ese día tampoco me sentí con ánimos para acercarme a este cuaderno, aunque esta vez por motivos diametralmente opuestos a los del anterior.

Durante el fin de semana, como es mi costumbre, respeté mi autoimpuesta veda de escribir en este cuaderno en día festivo. Y eso que me hubiera gustado anotar el excelente ánimo que me llevó el sábado a la Filmoteca a ver Death of a Gunfighter, un extraordinario western que Don Siegel no reconoció como suyo, pero que lleva su sello, y que anuncia, en su oscurísima trama (que trata sobre un pueblo que decide "sacrificar" a su viejo y brutal sheriff en aras del progreso y la modernidad), anuncia otras del discípulo predilecto y aventajado de Siegel, Clint Eastwood. Por la mañana revisé el primer capítulo de mi novela, ya más o menos encauzada, y comencé la corrección de pruebas de Pintura rápida, el dietario que me va a publicar la benemérita colección Álogos. Recibí también un correo de un amigo músico, Juan Antonio Verdía, que quiere armonizar mis villancicos laicos, los que mando por navidad a los amigos, de cara a un concierto navideño que anda preparando... Tal vez por eso el domingo, con la conciencia ya tranquila después de haber constatado que los días cunden, dediqué la mañana a adecentar el piso, como una ama de casa cualquiera. Iba a decir "amo", en masculino, pero así no me salía lo que quería decir.

2 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Me gusta este tono confesional del blog, este dejar escrito lo vivido, aunque ese poso entregado a las letras tenga también su volcado literario, su conversión a un estilo, a tu manera (reconocible) de contar las cosas. A lo mejor pongo yo un diario en el cajón y lo saco escribo cada noche los barruntos del día. Lo que no haré (creo) es sacarlo, airearlo. No tengo pudor en nada de lo escribo, pero hay cosas que me cuesta entregar al lector. Hay que tener "arte. Parece que en vez de escribir has dado un pase de verónica o como se diga eso. Disfruta, amigo. Un saludo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Emilio. Espero, de todos modos, no resultar insustancial o inoportuno. Este cuaderno me está ayudando a conservar cosas que, de lo contrario, se perderían irremisiblemente. Las comparto con los otros en la confianza de que no traiciono mi intimidad ni la de los míos, porque en la experiencia de cualquiera de nosotros hay una parte que puede ser contada, por qué no. Un abrazo.