martes, noviembre 09, 2010

HIGADITOS

No, no es que existan una España negra, atrasada y retrógrada, y una España renovada que tenga que vencer la resistencia de la primera para aflorar. Existen dos Españas negras, de signo contrario. Y, en ocasiones, un mismo acicate las saca a las dos a la calle, donde cada una cree estar representando todo lo contrario de la otra. Pero no: representan lo mismo: ignorancia, simpleza, reducción del pensamiento libre a eslóganes más o menos biempensantes, ostentación gratuita de convicciones que se creen irrebatibles, vulgaridad. Y es que las dos ignoran lo esencial: tanto el pensamiento libre como la espiritualidad verdadera -que no deben confundirse con el librepensamiento burdo o con la beatería- son flores que sólo crecen en la soledad. Porque tanto el uno como la otra se traducen -tendrían que traducirse- en formas más depuradas de individualidad. Y qué mal parada queda la individualidad cuando pretende reafirmarse en una masa que vocifera.

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El tiempo ha empeorado; es decir, empieza a mostrarse como corresponde a la estación. En buena ley, si la perfección reside en que cada cual alcance la plenitud que le corresponde por naturaleza, tendríamos que decir que ha mejorado. Ya es lo que tiene que ser. Aunque quizá, como ocurre con ciertas personas, hubiéramos deseado que persistiese en el error más tiempo.

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Mientras examina las bandejas en el expositor de carnes del supermercado, a esta mujer se le cae una al suelo. Higaditos de pollo, creo. Ni corta ni perezosa, recoge con la mano las vísceras esparcidas por el pavimento y las vuelve a poner en la bandeja, que cierra y deja en el expositor, a la espera de que algún incauto se la lleve. Siento el impulso de delatarla a algún empleado. Pero, ¿quién me dice que los propios empleados, cuando se les cae algo, no hacen lo mismo? ¿Quién se anda con tanto escrúpulo? Desecho de inmediato el pensamiento: sería imposible vivir en un mundo en el que no concediésemos un mínimo voto de confianza a los demás. Aunque la experiencia lo desaconseje.

5 comentarios:

Javier de Navascués dijo...

Qué de acuerdo estoy contigo en la primera nota...

marinero dijo...

Yo, en cambio, disiento justamente en esa primera nota. Y por más de una cosa. Señalaré sólo dos. 1) Es cierto que "existen dos Españas negras, de signo contrario". No lo es menos que existe una tercera España (o muchas) que procura respetar al otro en su diferencia y vivir en paz con él. 2) Lo de que la individualidad queda "malparada" cuando "pretende reafirmarse en una masa que vocifera" tampoco es cierto siempre. Yo no suelo asistir a manifestaciones; pero participé (en Madrid, donde vivo) tanto en la que se organizó en su momento para condenar el intento de golpe de Estado de Tejero como en la que condenaba la atrocidad del 11-M (lo de los trenes). No creo que, ni en uno ni en otro caso, mi individualidad particular, ni la de cualquiera que pretenda convivir con los demás en la paz y el respeto que decía antes, quedasen "malparadas" por ello.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Estoy de acuerdo en la existencia de esa tercera España, que es lo que permite diagnosticar la de las otras dos; y no creo haber dicho que participar en una manifestación menoscabe la individualidad de nadie. "Vociferar en masa" es algo más, o menos, que participar en una manifestación. Así que no veo la discrepancia, salvo en que mi nota no podía abarcar tanto como para descartar todas las posibles excepciones o casos particulares que se puedan plantear.

marinero dijo...

Gracias por los matices, que desde luego suscribo. En ambas manifestaciones se oyó a gente, y no poca, vociferar; es propio de tales lugares y ocasiones. Y personalmente no me agrada demasiado. Pero eso no cambia el hecho de que las manifestaciones en sí mismas estaban justificadas. En todo caso, mi nota sólo pretendía recordar (porque supongo que todos lo sabemos) que hay una España no-negra (ni vociferante), que yo creo mayoritaria aunque, justamente, no se la oiga, o se la oiga poco. Una España amiga del respeto al otro y de la convivencia pacífica con él. Aunque sea, efectivamente, una obviedad, es, pienso, de esas obviedades que vale la pena recordar.

Sara dijo...

Primera nota: reflexiones/impresiones de un filósofo político cada vez que abandona su retiro y se encuentra cara a cara con la Realpolitik?