miércoles, noviembre 03, 2010

LOGÍSTICA

En un remate de libros situado en la galería central del Carrefour de Aluche encuentro... nada menos que la Odisea en la versión inglesa de George Chapman; la misma sobre la que escribió Keats un memorable soneto, en el que compara las impresiones recibidas en su lectura con las que debió de sentir el conquistador Cortés (me imagino que el poeta quiso decir Núñez de Balboa) cuando contempló por primera vez el Pacífico desde las costas de Darién. ¿Quién dice que las grandes creaciones del espíritu rehúyen el contacto con el común de los mortales? Ahí estaba esta joya -tres, cuatro ejemplares de la misma-, en las puertas mismas del Carrefour, en un tenderete; y al mismo precio que, pongo por caso, una bolsa de nueces peladas (lo digo porque compré una, para aviarme una ensalada Waldorf para el almuerzo).

***

Tal vez este descubrimiento me resuelva el problema logístico del que hablaba ayer: sí, esta modesta edición en rústica cabe en el bolsillo de mi abrigo; con lo que, mira por dónde, mis tránsitos por el subsuelo de Madrid habrán de ajustarse a la cadencia de los endecasílabos de Chapman.

***

No hay día, en fin, que no tenga una hora buena y otra mala. La buena de éste fue la que me deparó el hallazgo antes referido; la mala... no la contaré, pero tiene que ver con esos afanes en los que uno se emperra y que, a la postre, no sirven para nada.

***

En la Filmoteca, por último, para ver Marcado por el odio, la película de Robert Wise en la que Paul Newman da vida al boxeador Rocky Graziano. Es una película espléndida en todos los sentidos; pero el resabiado público de esta sala encuentra risibles, por ejemplo, las trapisondas en las que el protagonsta incurre continuamente, y que le llevan a pasar seis años de prisión. Uno, que ha conocido a más de un adolescente incapaz de hacer otra cosa que estropearse la vida, tiene otra visión sobre el asunto. Pero el caso es que el buen cine termina imponiéndose incluso a sus espectadores más recalcitrantes. Y, al final, la sala aplaude, después de sufrir con Newman uno de esos combates agónicos que se ganan cuando ya parecían perdidos.

***

A la puerta de la filmoteca, por cierto, un equipo de rodaje. Me informa la amable taquillera que son los de a serie Cuéntame, que han elegido el bar de enfrente -un bar anclado en el tiempo, que lo mismo podría servir para ambientar una escena de los años cuarenta que una actual- como decorado.

***

Y como voy pensando en estas cosas, me confundo de metro y acabo deshaciendo el camino desde Puerta Sur a Casa de Campo, que es mi estación de referencia. Media hora de camino. Al final, mi primer día de completa soledad se me ha quedado corto.

No hay comentarios: