viernes, noviembre 26, 2010

LOTERÍAS

Podría pensarse que es otra imagen de la crisis. Pero no: la que motiva estas líneas, aunque es una fotografía de gente que apela al milagro para salir de la estrechez económica, no es una imagen exclusiva de los tiempos de crisis. Se da incluso en los años buenos. Y lo asombroso, quizá, es que cada vez se anticipe más a su tiempo propio, que es el navideño. No es la nieve (¿qué se hicieron las nieves de antaño?), ni siquiera el adelanto de las compras propias de la estación. La imagen a la que me refiero es la de las largas, larguísimas colas ante las administraciones de lotería. Es éste un género que casi nunca se agota, lo que hace más misterioso aún el hecho de que muchas personas se agolpen ante determinadas expendedurías del mismo, como si temieran que se acabaran las existencias, o como si en otros establecimientos vendieran género averiado. Ni siquiera las leyes estadísticas pueden explicarlo. Porque lo lógico sería pensar que, por mera ley de probabilidades, un suceso ya de por sí muy excepcional, como es el que un número sea premiado entre muchos miles, es casi imposible que vuelva a repetirse en idénticas circunstancias que la vez anterior: por ejemplo, que se venda en el mismo sitio.

Pero en estas cuestiones relacionadas con el azar la lógica tiene poco peso. He pasado varias veces ante una de estas colas –en concreto, la que se forma ante un pequeño quiosco de lotería que hay en la madrileña Puerta del Sol– y en todas he estado tentado de preguntarle a alguno de los que allí esperaban: ¿Por qué hace usted esto? ¿Por qué no le compra un décimo a cualquier vendedor callejero, que los hay? ¿Por qué malgasta su tiempo, cuando la ley estadística dice que el décimo que le pueden vender aquí tiene las mismas posibilidades de ser premiado que el que le venden en cualquier administración lotera menos céntrica y renombrada?

No quiero imaginar las respuestas. Pero, seguramente, de ellas podría deducirse todo un tratado del comportamiento colectivo. Y quizá extrajésemos de él algunas enseñanzas. ¿Por qué el “tigre celta” (es decir, Irlanda) atraía inversores de todo el mundo hace apenas unos meses, y ahora se ha convertido en un apestado que debe pedir limosna en los foros económicos mundiales? ¿Por qué nuestro país, tan solvente y fiable hasta anteayer, se encuentra ahora al borde de ese mismo precipicio al que ya han caído irlandeses y griegos? Nos lo podría decir uno de éstos que aguardan para comprar lotería: “Pues… Verá usté… Me han dicho que aquí tocó el “gordo” hace veinte años… O que aquí están especializados en la venta de números capicúas. O que el vendedor es inmune al mal de ojo…”. Quién sabe. Juega uno poco a la lotería. Pero, visto lo visto, debería probar suerte con más frecuencia. Aunque sólo fuera para aprender algo de otras cuestiones aparentemente más serias.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

2 comentarios:

Paco Velázquez dijo...

Ya veo que te estás haciendo madrileño de adopción (no compraste ningún decimito, mira que si toca...)

Anónimo dijo...

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