martes, noviembre 16, 2010

QUEST

Las peligrosas atribuciones que un novelista puede creer que tiene, y que le pueden poner en más de una situación comprometida ante los demás. No comenté ayer, por ejemplo, la profunda desconfianza con que no dejó de mirarme el encargado del bar de barrio en el que me senté a tomar notas, en medio de una clientela que estaba allí poco menos que en familia (alguno, literalmente, en pijama). "¿El señor está servido?", me preguntó, viendo que mi copa de Chinchón estaba casi intacta. "Sí, no necesito nada, gracias". Luego estaba la cuestión de la casa en la que quiero localizar la acción. Recuerdo con bastante exactitud cómo era. Pero J., mi acompañante habitual en estos paseos, me sugiere que tome el toro por los cuernos y llame directamente al timbre y le diga al actual inquilino que deseo ver su casa... No cometeré ese abuso, desde luego. Lo que sí sopesé, por fantasía, fue visitar un semisótano en venta, en el mismo edificio. Pero por la ventana abierta pude atisbar un poco de la intimidad de esa casa todavía habitada: un tendedero, un televisor encendido, una boisserie con los habituales bibelots seguramente baratos y sin carácter... No, tampoco voy a aprovecharme de las prerrogativas del presunto comprador. La memoria ya corre por sus fueros y bien puede imponerse ciertas limitaciones a su necesidad inicial de acicates externos. Peor fue lo del Archivo, el lunes por la mañana. La página de "servicios" de un periódico de hace un cuarto de siglo me pone en la pista de un dato que no lograba visualizar: la ubicación exacta de cierta comisaría. Me late el pulso con fuerza. Pero, como necesito más detalles, le pregunto a la bibliotecaria. Ésta me mira con cara de extrañeza: ¿para qué demonios le pregunta este desconocido por la ubicación exacta de una comisaría? Me siento en la obligación de dar algunas explicaciones, y tímidamente comento que estoy escribiendo una novela. Se lo toman muy bien. Para el detalle concreto que les preguntaba me traen una de esas impagables guías de comercios y servicios del año sobre el que estoy investigando. De alguna manera, siento que la búsqueda, la quest, está dando lugar a otra novela que quizá no llegue a escribir, pero de la que estas anotaciones son ya el esqueleto.

No hay comentarios: