jueves, diciembre 02, 2010

EN CASA

En casa. Después de un mes fuera, las cosas que me rodean me resultan extrañas y cotidianas a un mismo tiempo. Sólo una cosa se resiste a esta imprevista sensación de novedad: la rutina. Apenas me incorporo a ella, es como si el lapso transcurrido no hubiera tenido lugar. Lo que, después de todo, tampoco me desagrada.

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Esa hoja que sigue pegada a la rama más alta del árbol pelado, en estas mañanas frías: un pájaro rezagado; o, peor aún, congelado.

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¿Te ha cundido?, me preguntan. Y cómo decir que lo más rentable de este periodo han sido, precisamente, las horas muertas, las tardes paseadas, la charla intrascendente (o demasiado trascendente, quizá) ante un gin-tonic... Lo otro, las mañanas de escritura casi febril, las horas pasadas en bibliotecas y archivos, también lo han sido, pero menos; y de un modo que quizá no resulta del todo indispensable al propósito que me llevó a emprender el viaje.

4 comentarios:

Rafael dijo...

"Hoy es siempre, todavía"

(Por cierto, a mí también me repatea la obsesión por la seguridad, los detectores de metales, las cámaras, los escaner y demás hipocondrias sociales.)

Anónimo dijo...

También te cundió el lunes por la tarde. La presentación de Vida nueva estuvo genial.

Lo he comentado en mi último artículo: http://blogs.periodistadigital.com/filosofo.php/2010/12/03/vida-nueva-en-la-libreria

(alanferreiro@hotmail.com)

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por la crónica y por la compañía. Enlazo la primera al apartado "Sobre Vida nueva", en la columna derecha. Gracias.

Eugenio Manuel dijo...

Es así, ante tanta racionalidad, a veces los mejores momentos son los momentos vacíos, sin contenidos, aquellos ratos en los que pasa el tiempo y sólo pasa. Sin nada más que ofrecer.