viernes, diciembre 03, 2010

IRLANDA

Desde luego, algún mérito habrá que reconocerle a la República de Irlanda: para ser un pequeño país de apenas cuatro millones y medio de habitantes, que no participó en la última guerra mundial, ni ha tenido imperio colonial, ni una economía destacable (salvo la efímera burbuja de prosperidad que acaba de liquidar), ha dado mucho que hablar en los últimos cien años. Y creo que es justo recordarlo, en la actual situación de descrédito que atraviesa. Un país no es sólo una cuenta de resultados. Un país es un accidente de la Historia. Pero en esa comunidad más o menos accidental suceden cosas que terminan proyectando al exterior una imagen más o menos certera de sus aspiraciones y logros.

Irlanda fue siempre un país pobre y castigado. Las hambrunas, las guerras de conquista y exterminio lanzadas por su poderoso vecino inglés y las sucesivas oleadas de emigración diezmaron su población e imposibilitaron su desarrollo económico hasta tiempos muy recientes. Sin embargo, ese país menesteroso y maltratado fue capaz de proyectar al exterior una imagen definida y poderosa. De ello fueron responsables, en primer término, sus escritores. ¿Quién dice que la poesía no sirve para nada? Poetas como Yeats, dramaturgos como O'Casey, narradores como James Joyce han creado más adeptos a Irlanda en todo el mundo que, pongo por caso, cualquier campaña de promoción turística que hayan podido promover los sucesivos gobiernos irlandeses.

En la mismísima Sevilla, por ejemplo, me consta que un animoso grupo de "irlandófilos" -no sé si existe esta palabra- celebra todos los 16 de junio el "Bloomsday", o conmemoración del periplo que Leopold Bloom, según cuenta Joyce en su celebrada novela, hizo por las calles dublinesas en ese día de 1904, mientras su mujer le ponía los cuernos y se sumía en el glorioso duermevela, trufado de imágenes eróticas -y de recuerdos españoles, por cierto- que cierra el Ulysses… También han hecho mucho por la imagen de Irlanda sus emigrantes, y el cine americano nos ha acostumbrado al personaje del rudo irlandés al que lo mismo vemos en el papel de sargento de caballería en una película de John Ford, que en el de policía neoyorquino desfilando orgullosamente por las calles de la ciudad en el Día de San Patricio... Al cineasta John Ford, por cierto, debemos El hombre tranquilo, una emocionada evocación de una Irlanda idílica que quizá, como la fogosa Andalucía de Carmen, no ha existido nunca, pero en la que muchos irlandeses y descendientes de irlandeses se reconocen.

Ahora toca hablar de Irlanda como piedra de escándalo y fundado motivo de temores económicos. Pero es algo más, siempre ha sido algo más. Y mucho más, en fin, de lo que podría esperarse de sus reducidas dimensiones y de su modesto y sufrido pasar por la Historia. En estos tiempos de desdicha, es justo recordarlo.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

5 comentarios:

Innisfree dijo...

Fino análisis. Y, entre otras cosas, abres un interesante debate para filólogos: ¿los amantes de Irlanda somos "irlandófilos"? Salvo que el gran sevillano-irlandés cuya amistad compartimos dé otra respuesta (mejor fundada seguro), me inclino por el término "hibernófilo" (siempre el latín sacándonos de apuros), aunque reconozco que puede quedar demasiado culto y tal vez extraño al hablante. Hay lenguas donde crear palabras nuevas es más fácil: mis amigos vascos usan la palabra "irlandazale" y se quedan tan frescos.
¡Anda que no da juego la pasión irlandesa...!
Me alegro de que te fuera bien por Madrid. Nos vemos cuando me llegue la hora de mi tourné por Andalucía con 'La mirada del bosque' bajo el brazo.
Un abrazo pues.
Salud,digo... Sláinte!
Chesús

José Manuel Benítez Ariza dijo...

A nuestro amigo sevillano le he oído aventurar "erinófilo". Pero creo que ninguna de las tres palabras está aceptada aún por la RAE.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Lo malo de los hibernófilos o irlandófilos es que sólo suelen fijarse en el perfil bueno de Irlanda, el otro prefieren ignorarlo. Estos lodos se veían ya venir desde hace años, cualquiera que visitase Dublín o la isla podía percibir un clima de corrupción económica semejante al de la última legislatura del PSOE de Felipe González.

Sara dijo...

"Hibernófilo" me suena mucho mejor -más natural'- que "irlandófilo", quizás porque aquí los términos "hibernophile" o "hibernophilia" son de uso bastante corriente... Magnífico artículo, José Manuel. En estos momentos de desesperanza, es bueno recordar la tremeda riqueza cultural de este país. ¡Y qué bien lo haces tú aquí! Habría que traducir este artículo y enviarlo al Irish Times... Saludos

Quesada dijo...

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