viernes, enero 14, 2011

CHIVATOS

Se ha comentado mucho el presunto llamamiento que ha hecho una ministra para que los ciudadanos denuncien a quienes incumplen la nueva ley antitabaco, y hay quien lo ha considerado una incitación a la delación anónima generalizada, similar a la que hubo contra los judíos en la Alemania nazi... Esto último es una exageración, claro: por mucho que se empeñen los fumadores, su causa no es la de una minoría social acosada, sino un simple problema de regulación de convivencia entre quienes se saltan ciertas prevenciones sanitarias y quienes prefieren respetarlas, en bien de su propia salud y la de su entorno.
No es moco de pavo, de todas formas. Siempre que un gobierno intenta regular los comportamientos individuales, surge la sospecha de que se está extralimitando. El fundamento de esta sospecha es antiguo: ¿debe un gobierno limitarse a arbitrar desde lejos la convivencia entre los ciudadanos, para que ésta no genere demasiados conflictos, o debe, por el contrario, aspirar a crear ciudadanos ejemplares, incapaces de generar conflictos? Hay sobradas razones para pensar que el actual gobierno de España se inclina hacia la segunda opción, y quiere que sus ciudadanos no coman hamburguesas extragrandes, estén advertidos de que el vino no es sólo una delicia cultural y gastronómica, sino un brebaje tan nocivo como los licores de garrafón, empleen términos neutros (criatura, alumnado, ciudadanía) allí donde el mecanismo del idioma conserva sus distinciones de género gramatical (niños y niñas, alumnos o alumnas), etc. No duda uno de la buena intención de estas iniciativas, pero lo cierto es que ignoran el elemental principio de que el ciudadano tiende a rebelarse contra quienes intentan moldear su personalidad o regular su comportamiento; y que, por eso mismo, basta que a uno le adviertan, por ejemplo, de la peligrosidad de comerse una hamburguesa grande como una rueda de carro, para que uno imagine la felicidad de poder cebarse impunemente con una de esas pantagruélicas bolas de carne aplastada… Y como no hay policía capaz de impedir esto, al gobierno no se le ocurre otra cosa que convertirnos a todos en vigilantes de nuestros conciudadanos.
Lo que nos sitúa en otra incómoda tesitura; porque, si de algo carecemos los españoles, es de celo cívico. ¿Acaso nos atrevemos a denunciar el sinfín de iniquidades cotidianas que padecemos? El ruido nos aturde, la falta de civismo de nuestros semejantes nos sume frecuentemente en la más absoluta infelicidad, la mayoría de los servicios que recibimos adolecen de graves carencias o incurren en no menos graves irregularidades… ¿Denunciamos todas esas cosas? Ojalá. Ahora el gobierno nos pide que, para entrenarnos, empecemos por denunciar al vecino que fuma en el portal. No sé. Sospecha uno que esto quedará, como siempre, en agua de borrajas. Pero…
Publicado el martes en Diario de Cádiz

5 comentarios:

Rafael dijo...

Pues tú cuidadito, que con el nombre de tu blog (columna de humo) ya estás bajo sospecha.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Es verdad, no había caído.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

A veces tiende uno a pensar qué será lo próximo: ¿cupones de racionamiento para hamburgueserías? ¿Cartillas para demostrar que realizamos ejercicios físicos tres veces por semana? Bromas (o no tanto) aparte, ¿han servido las "leyes secas" para solucionar problemas o para generar males mayores?
Muy de acuerdo con tus reflexiones.
Un abrazo.

Usoz dijo...

A mí, que los fumadores fumen, me da igual. El problema es el humo que hemos tenido que tragarnos los no fumadores en bares y otros espacios públicos.

Miguel Sanfeliu dijo...

Yo sigo sin entender por qué se ha de excluir a la gente, por qué no puede haber sitio para todos, por qué no puede haber un bar de fumadores en el que no entren los no fumadores, por qué hemos de enfrentarnos unos a otros, y encima vigilarnos. Da un poco de miedo.