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La verdadera pregunta que se hacen los escritores que, además de mantener un blog, han escrito y publicado libros, es la siguiente: estas notas gratuitas, libremente ofrecidas a la curiosidad del lector, ¿atraerán la atención de éste hacia alguno de nuestros libros? Y, en tal caso, ¿hará por comprarlos? Teniendo en cuenta siempre, en fin, que el escritor que se halla en la tesitura de hacerse semejantes preguntas es un escritor que no vive de la literatura, y al que, por tanto, en buena ley, debería resultarle indiferente que sus libros se vendan o no. A no ser, claro está, que ese deseo se aplique exclusivamente a mantener contentos a los editores, que son quienes hacen el gasto.
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Porque lo que está claro es que para este género quizá no cuenta del todo un viejo principio por el que me rijo desde hace años para tasar la valía de los escritores que, además de publicar libros, escriben en periódicos: no comprar jamás un libro de alguien cuyos artículos no me agraden. Aunque puedo aducir mil incumplimientos sistemáticos de este principio por mi parte (ay, pobre Pérez Reverte). Con lo que, al final, la conclusión va a ser que exponerse, ya sea en periódicos o en Internet, no conlleva más que riesgos.

3 comentarios:
Yo no creo que al escritor que no vive de la literatura le sea indiferente vender libros salvo para mantener contentos a los editores. En primer lugar algo se saca, aunque sea para comprar más libros, y en segundo lugar está el nada desdeñable reconocimiento, que mueve a los escritores más que el dinero. Vanitas...
Un abrazo.
Por supuesto. Entiéndase mi comentario como una autoironía respecto a los afanes que nos mueven. Un abrazo.
Está claro que leer a diario una columna o un blog hace que, sin que el autor lo sepa casi nunca, el lector piense que se ha establecido una "relación" llena de admiración, cercanía, agrado, de amistad incluso, que provoca que esté pendiente de sus publicaciones, porque la cita diaria es, a veces, demasiado breve.
Yo creo que "exponerse" es estupendo, porque, además de regalarnos diariamente unos minutos de lectura casi familiar, -lo que es bueno para el lector- el círculo de los que conocen la obra de quien escribe es cada vez más amplio, lo que es bueno para el autor.
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