domingo, enero 02, 2011

ILUSIONES

Se esperaba que el pasado jueves se batiera el récord anual de pago con tarjeta. Suele suceder esto en determinadas fechas claves del intervalo navideño. Y coincide la noticia, leo, con la que da cuenta de que el comercio local anda de capa caída. La realidad suele ser así de contradictoria: en un mismo día es noticia que la gente está dispuesta a no gastarse un duro y que esa misma gente está a punto tirar la casa por la ventana. Ha salido uno a la calle a constatar los hechos, porque, aunque algunos de estos artículos parezcan estar escritos al amor de la mesa camilla –y, de hecho, lo están–, tiene uno la fantasía de que lo tomen alguna vez por un intrépido reportero, de los que salen a la calle libreta en ristre y sacan en sus columnas, no el producto de sus rumias, sino el pulso palpitante de la realidad… Ah, la realidad. Lo difícil es saber dónde encontrarla. Y, desde luego, donde no aparece casi nunca es en los periódicos. En los periódicos, a lo sumo, aparece lo que determinadas personas dicen sobre ella: los propios periodistas, por supuesto; pero, más frecuentemente, lo que éstos recogen de labios de políticos, sindicalistas, economistas, jugadores de fútbol, novias de jugadores de fútbol, etc. Una de éstas últimas puede afirmar que ella y el último fichaje millonario de tal o cual club son sólo buenos amigos, contra la evidencia de que algún paparazzo del periodismo insomne los ha inmortalizado saliendo de un meublé de postín… Pues eso: la realidad es el vasto territorio de incógnitas que se abre entre la foto reveladora –que también puede ser mentira– y la negación de las evidencias.

Así que sale uno a la calle a ver en qué se gasta la gente el dinero. Y el caso es que lo gastan. Sólo que, diría uno, de una manera atenuada. Donde ayer comprábamos foie del Perigord hoy compramos una humilde mousse industrial vagamente reminiscente a hígado de pato; donde un vino de campanillas, un tintillo alegre de cinco euros; donde un faisán, un pollo picantón. El efecto sobre la mesa y sobre nuestra autoestima es el mismo; y en cuanto al paladar, no nos engañemos: también ese importante sensorio humano es susceptible a la humorada y a la impostura asumida. Véase, si no, el éxito del que gozan las recetas de cierto paisano nuestro que se oculta bajo el sobrenombre de Falsarius, y en las que, con excelente humor e indudable buen tino, recrea toda clase de platos exquisitos a base de precocinados, conservas corrientes y molientes y toda una gama de sucedáneos.

He aquí el signo de los tiempos: gastamos, pero poco; y seguramente haciendo mucha ostentación de tarjeta, porque el pago con tarjeta nos sitúa siempre en el mito de Jauja, de la tierra donde no hay más que alargar la mano –o enseñar el rectángulo de plástico– para disfrutar de la riqueza. De ilusiones también se vive.

1 comentario:

Alejandro Laurenza dijo...

Excelente articulo, José Manuel. Te seguiré a partir de ahora, desde Argentina.

Un saludo,
Alejandro.