martes, enero 11, 2011

INTIMIDADES

¿No estaré / deshaciéndome a golpes / de transparencia y autobiografismo?, se pregunta Enrique García-Máiquez en un poema de su último libro, Con el tiempo. Y es una pregunta muy pertinente para todos los que utilizamos la propia vida como fuente principal de nuestros escritos; en una época, además, en la que la no-literatura, la que copa las listas de best-sellers y gana los grandes premios comerciales, se nutre de todo lo contrario: de fantasías más o menos inanes, o de esa otra clase de fantasía encarrilada que depara la frecuentación recreativa de la Historia. Y es una pregunta, también, que no puede pasar por alto quien mantiene un cuaderno como éste, que se define como "diario abierto". La respuesta que le da García-Máiquez es coherente con el mecanismo del poema en el que se inscribe; y, en ese sentido, es satisfactoria desde un punto de vista poético. Pero no sé si lo sería igualmente en una discusión abierta. Siempre queda algo -no sé qué- que no se alcanza. / Será eso lo que soy. Bien. Pero -aquí discrepo de este poeta amigo-, hay que ser muy optimista para pensar que en ese poso de secretos pertinazmente inconfesables se oculta lo mejor y más sublime del ser humano, el misterio de su esencia, su fondo espiritual. Yo creo que es más bien lo contrario: lo que no se cuenta, lo que se escamotea incluso a los diarios personales o a la literatura más francamente autobiográfica, es ese fondo común en el que conviven las miserias fisiológicas, las fijaciones mentales, las trapacerías del día a día, las pequeñeces domésticas y las mañas que dicta la supervivencia en el medio laboral, social, vecinal e incluso familiar. Nada que no sepamos de nosotros y de casi todo el mundo; y, por eso mismo, aquello de lo que, en determinados contextos, menos nos interesa hablar. Somos más bien todo lo contrario: aquello de lo que sí hablamos, porque en el mero hecho de enunciarlo moldeamos nuestro ser social y la intimidad que lo sustenta. La intimidad probablemente sea un asunto público; es decir, aquello que, al ser públicamente exhibido, nos caracteriza y singulariza. Lo otro, lo que ocultamos, no es más que privacidad, es decir, ese incomunicable fondo común en el que todos somos iguales.


Digo yo.

4 comentarios:

carmen dijo...

Teneis razón los dos, somos lo que decimos y lo que callamos una veces por no saberlo expresar y otras premeditadamente.

Rafael dijo...

Yo más bien pienso que ninguno somos iguales. Somos una innovación radical de la realidad, provista de un "fondo insobornable", como decía Ortega, al que llamamos conciencia.

E. G-Máiquez dijo...

Quería agradecerte la entrada y felicitarte por la reflexión y echar mi cuarto a espadas, pero he empezado a tirar del hilo de la intimidad y no tiene fin. Seguiré pensando y lo seguiremos hablando. Gracias de nuevo por la referencia.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

De nada, Enrique. Y enhorabuena por el libro.