jueves, enero 20, 2011

LIRÓFORO CELESTE

La gripe ha hecho su entrada en casa. Y uno, que se siente ahora mismo pletórico de fuerzas, interroga las motas de polvo y los rincones sombríos, por si son portadores del fatídico virus. Esquivarlo no depende de mí. Pero, por si acaso, intento ofrecerle mi perfil mejor guarnecido. Le tiene uno cierto respeto ya a esos previsibles días en el limbo de la fiebre y el malestar general. Cruzo los dedos.


***


Leo en esta monografía sobre cierto conocido autor: "cultiva en Madrid el trato con intelectuales como Rubén Darío, Juan Valera, Menéndez y Pelayo...". Y me choca el uso de la palabra "intelectuales", cuya aplicación a éstos y otros nombres supone casi hacerles un demérito. No lo fue Menéndez Pelayo, en todo caso, a quien conviene más el apelativo de "sabio", si no termina de convencernos el de "erudito". Tampoco creo que lo fuera Valera, en su condición de autor de novelas algo cínicas y ligeras. Y, por supuesto, nunca Rubén Darío, a quien, si no cediera uno a ciertos escrúpulos contemporáneos respecto al empleo de determinados términos demasiado rimbombantes, llamaría sin recato "liróforo celeste", por lo menos, como llamó él a su maestro Verlaine... A estas alturas, la palabra intelectual no dice casi nada. O, si acaso, lo que evoca no es precisamente grato ni elogioso.


A mí en el colegio me lo llamaban. Pero era porque llevaba gafas.


***


Y ya que nos hemos trasladado a las cortesías del pasado, quizá convenga señalar aquí también el preocupante regreso de ciertos aspectos poco gratos de esos mismos tiempos en los que Menéndez y Pelayo, Valera y Rubén se paseaban por nuestras ciudades. Prosperan de nuevo las brigadas de la porra, los petardistas, los piquetes amenazadores y otras flores endémicas de la política española. Los tonton macoute de Haití o los sicarios del tunecino Ben Alí, a los que hemos visto en acción estos días, no son nada al lado de lo que fueron nuestros agitadores y pistoleros de principios del siglo pasado. Preocupa este afloramiento de nuestros peores instintos. Pero la ecuación está clara: a mayor deterioro económico y político, mayor degradación de la convivencia. A finales de los setenta y primeros ochenta esa penuria se tradujo en una oleada de delincuencia común sin precedentes. Ahora la violencia ambiental parece que tendrá también una clara dimensión política y social. O, dicho de otro modo: la violencia de entonces era horizontal: se ejercía entre iguales y parecía circunscrita a las capas sociales en las que se originaba; la de ahora es vertical y se extiende de arriba a abajo: se origina en los despachos y termina en los callejones oscuros.

3 comentarios:

Rafael dijo...

El término "intelectual" viene sufriendo una gran degradación. Uno compone una canción de moda o sale en una película, y en cuanto firma un manifiesto se convierte en "intelectual". ¿Cómo llamar a Kant, Rusell u Ortega?

Sara dijo...

Aquí 'íntellectual' ha caido prácticamente en desuso. En su lugar, se utiliza la palabra 'pundit'- en un sentido bastante peyorativo por cierto. Para evitar una gripe que ya se ha colado en el hogar, no hay fórmula segura, pero dicen que ayuda si te lavas las manos compulsivamente, desinfectas picaportes, y aireas las habitaciones de vez en cuando... Suerte.

Manoly dijo...

Antes, intelectual parece que era el que usaba brilantemente las aptitudes
brillantes (perdón por la redundancia) de su intelecto. Ahora,
al escucharla, se me viene a la mente la frase futbolera "el partido del siglo".
Buena reflexión sobre la convivencia.
Pero esa historia ya viene de lejos.
Un abrazo, Manoly.