lunes, enero 17, 2011

MÉNAGE Á TROIS

Ven conmigo, lector, por estos secarrales, dice Enrique Baltanás en el poema prólogo de sus Trece elegías y ninguna muerte. Esa misma palabra, "secarrales", la encuentro luego en otro poema del libro; y, por eso, y por ser una palabra que yo uso poco o nada y, por tanto, me llega con la resonancia peculiar de lo que pertenece netamente al idiolecto o estilo de otra persona, me parece que a partir de ahora la asociaré siempre con este autor y  este libro, del mismo modo que asocio "barrunto" y "barruntar", por ejemplo, con la poesía de Caballero Bonald, o "cacaseno" con la de Gil de Biedma... Ya sé que este análisis peca de basto y de poco científico, pero la huella que la poesía de cada cual deja en uno se parece mucho a la que deja el modo de hablar de los individuos a los que vamos tratando, y a los que asociamos determinadas inflexiones, tonos, palabras, etc. En este caso, además, la palabra resulta -y en eso sí creo que no me equivoco- bastante representativa: alude Baltanás a los trechos del pensamiento en el que éste no se oculta las verdades más duras; y, que, por tanto, son los más arduos de transitar, como lo es un secarral para un caminante que acaba de atravesar tramos más benévolos.


Otra palabra, en fin, que podría relacionar con este poemario: "esperanza". Pero esa es más de todos.


***


Primavera adelantada. Gente paseando a cuerpo, con las chaquetas y abrigos en la mano. Matrimonios con niños pequeños montados en bicicletas y niñas que empujan carritos de bebé... Ya sé que esta estampa es, como diría alguna feminista sobrevenida, sexista. Pero también uno, aunque intenta evitarlo, es algo vulnerable a los prejuicios, y sus simpatías están, naturalmente, no con los niños grandotes y apretados que, al empujar sus motos eléctricas, emulan ya el previsible salvajismo bien pertrechado que ejercerán de mayores, sino con las niñas cubiertas de encajes y moños -en este pueblo estamos así de atrasados- que juegan a ser mamás; y que, por eso mismo, por la tremenda eficacia de los juegos a la hora de desenmascarar las realidades que imitan, dejan muy en evidencia a sus mamás.


***


Los Reyes Magos me dejaron un lote de películas de Lubitsch, y a verlos he dedicado la sobremesa nocturna a lo largo de la semana recién terminada. Hay algunas muy malas -La dama de armiño, Una hora contigo-, pero otras, sencillamente, asombrosas. Lo es, en su cinismo, la llamada Una mujer para dos: qué manera tan sencilla, desprejuiciada, divertida, de representar una, por lo que veo, muy vieja fantasía masculina: la posibilidad de que un triángulo amoroso insoluble pueda resolverse finalmente mediante un ménage à trois. Qué distinta, por ejemplo, de la insoportable Soñadores, de Bertolucci, en la que una situación similar, y puesta en escena con esa descorazonadora franqueza que caracteriza al cine moderno, necesita adornarse, para presentarse como justificable, de todo un repertorio de excusas ideológicas; la primera de las cuales es, por supuesto, la presunta condición "progresista" de los tres implicados. La de Lubitsch se basa en otras premisas: la ligereza, el humor, el conocimiento de la naturaleza humana... Su ménage à trois, a la postre, resulta tan improbable como cualquier otro. "¿Cómo piensas que seguirá esto?", le digo a M.A., una vez terminada la película. "Ella los dejará a los dos", me dice. Y creo que tiene razón. 

2 comentarios:

José Luis Piquero dijo...

No he visto la película de Lubistch, que adivino atrevida para la época e ingenua actualmente. "Soñadores" no tiene el perverso sesgo idelógico que proclamas sino que, por el contrario, entra en matices que otros directores no contemplarían. En la compleja relación que tienen los tres protagonistas, el hermano vence al americano claramente en la conquista de la chica. Ella puede acostarse con el americano pero es su hermano el que "siempre está dentro de mí".
En cuanto a la ideología, en el principal debate político que sostienen, el americano gana por KO al hermano, cuando este, petulantemente, defiende la revolución maoista como una revolución hecha con un libro en la mano, y el americano le corta diciendo: "¿Todos con el mismo libro?", a lo que el hermano no puede contestar. Que la chica al final se vaya con el hermano a hacer la revolución, es una cuestión estrictamente atávica.
En cuanto a que un ménage à trois resulta improbable ("tan improbable como otros"), podría contarte maravillosas historias veraces, hondamente emocionales, intensas, edificantes, hermosas, duraderas, de ménages à trois probables, más respetables y dignas y perdurables y verosímiles que muchos matrimonios. Historias de amor reales y que funcionan, no los mundos de yupi ni la superficialidad con que se tratan estas cosas en la tele.
Hay un mundo...
Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Hombre, es improbable el de la película; y, si me apuras, el de Soñadores, pese a los matices que tan oportunamente traes a colación, y que a mí me parecieron en su día el blablablá necesario para poner en marcha un guión con el tema de tres jóvenes abocados a hacer una revolución. En cuanto a que otros sean viables, no sé. Según mi experiencia, son coyuturalmente posibles, hasta que uno de los tres, o dos, o los tres, rompen la baraja. Claro que cada uno cuenta la feria según le va. Un fuerte abrazo.