viernes, febrero 25, 2011

ARTÍCULO DEL MARTES (y despedida*)

COCINEROS


No tiene uno ni el tiempo ni el dinero necesarios para estar al tanto de lo que cocinan los grandes chefs por todo el ancho mundo; ni siquiera para poder opinar fehacientemente sobre lo que guisan los de nuestro país. Así que, en esto de la gastronomía más o menos prestigiosa, hago lo que la mayoría: leo lo que cuentan los periódicos, veo lo que muestra la televisión, y dejo que la imaginación haga el resto. Qué rico, me digo, debe de estar lo que hace tal o cual cocinero de relumbrón; qué inéditos placeres gustativos deben deparar esos bellos platos minimalistas que se resuelven con un trocito de pescado o carne colocado en medio de una artística mancha de salsa colorista y rematado por un brote verde. Se comprenderá que desde esta perspectiva tan limitada no tenga uno mucho que decir de los logros de la moderna gastronomía. Del celebérrimo Ferrán Adriá, por ejemplo, famoso por su afán de casar la cocina con la ciencia aplicada, no conoce uno más que las malas imitaciones: las que encuentras, por ejemplo, cuando vas a una boda con pretensiones y, como aperitivo, te sirven un vasito de tortilla “deconstruida”; es decir, un mejunje más parecido al poso de hilachas de tortilla que queda en el agua de fregar las sartenes, que a la tortilla propiamente dicha.


Por supuesto, sería injusto atribuir al prestigioso cocinero catalán responsabilidad alguna sobre esas mamarrachadas. Y, por eso mismo, debo decir que mi simpatía por su principal oponente, el recién fallecido Santi Santamaría, es puramente instintiva. Tampoco ha probado uno sus platos, ay. Pero su discurso en defensa de la cocina tradicional merece todas mis simpatías, más de orden estético que otra cosa, porque un cocinero que quiere que en su plato se reconozcan las materias primas que lo componen es como un pintor que quiere que sus cuadros se parezcan a algo, o un novelista que quiere contar historias que interesen, o un poeta que intenta que sus versos aúnen la música y la emoción. Aunque no sé si al propio Santamaría le hubieran agradado estas comparaciones, porque supongo que un cocinero tan apegado a los fundamentos de su oficio no aceptaría sin sonrojo que lo sacaran de su modesto papel de artesano y lo confundieran con atribuciones de genialidad.


Saltó a la fama este cocinero cuando se atrevió a discrepar públicamente del genialoide Ferrán Adriá. Y lo que llamó la atención entonces, más que sus argumentos, fue que se atreviera a alzar la voz contra la novelería generalizada a favor de éste. Como tantas cosas en este país, aquello se convirtió en una disputa cainita entre “progresistas” y “conservadores”. Pero el verdadero valor de aquella polémica no estribaba tanto en haber levantado una nueva facción, como en haber puesto voz a una razonable discrepancia. Nada más que por eso admiraba uno a ese cocinero respondón.


Publicado el martes en Diario de Cádiz

* DESPEDIDA. Con este artículo se cierra la "Columna de humo" que he venido publicando en Diario de Cádiz desde diciembre de 2000; y, a lo que entiendo, la colaboración mantenida con ése y otros periódicos del mismo grupo desde mediados de la década de los ochenta. Ha sido una colaboración fructífera, a la que debo mis libros La vida imaginaria, Me enamoré de Kim Novak, Columna de humoGigantes y molinos y otros que aún aguardan su momento, y de la que han salido borradores y fragmentos que luego han formado parte de otras colaboraciones más extensas publicadas en otros medios. Quiero decir que, literariamente, el balance no podía ser mejor; como no puede serlo tampoco el puramente humano. La prensa escrita, en general, atraviesa un momento delicado, al que no podemos permanecer ajenos quienes mantenemos o hemos mantenido vínculos profesionales y literarios con ella. Por mi parte, considero el final de esta colaboración como el inicio de una nueva etapa en mi trabajo literario. No renuncio a mi condición de escritor en periódicos, como se definía César González-Ruano; aunque, de momento, me halle en dique seco. Ya surgirán otras oportunidades. De momento, dispongo de este cuaderno electrónico, cuyo formato y alcance eran inimaginables cuando empecé a colaborar en la prensa escrita. Aquí seguiré disfrutando de la fructífera experiencia de escribir para un lector inmediato. Aunque eso, como tantas otras cosas, no lo he aprendido en la frecuentación de los recursos informáticos, sino en veintitantos años de colaboraciones en la prensa convencional. En ello seguiré, mientras pueda.

7 comentarios:

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Me gusta eso de "escritor en periódicos". Vivimos épocas de revolución en los medios, pero seguro que siempre habrá necesidad de buenos escritores en los nuevos medios.
Feliz puente, amigo.

E. Cabello, "Las Cumbres" de Ubrique dijo...

Es una pena que un trabajo tan fructífero y de tantos años termine, pero estoy segura de que volveremos a leerte en letra impresa dentro de poco. Mientras tanto, me satisface plenamente saber que esta "Columna de humo" en este medio tan etéreo seguirá con nosotros y podremos continuar con nuestro deleite cotidiano.
Así que muchas gracias por seguir escribiendo y que el cambio sea para bien.
Saludos,
Esperanza

Juan Manzano dijo...

Siempre te tendremos en este pequeño rincón para leerte y disfrutarte, José Manuel.
Es un paréntesis.
Un abrazo.

vicente garcia dijo...

Ánimo, Jose Manuel, yo seguiré leyéndote aquí, sigue escribiendo así.

José Luis Piquero dijo...

Vaya, lo siento. Pero te seguiré leyendo donde siempre, aquí.
Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias a todos. Lo dicho: aquí me tenéis.

E. G-Máiquez dijo...

Oh. Yo lo siento por partida doble, porque además pierdo un colega especialmente admirado en el Diario. Por suerte, aquí te tenemos. Un fuerte abrazo, E.