martes, febrero 15, 2011

BIQUINIS

Sigo con esta especie de dieta de libros y películas sobre Madrid que me he impuesto, para mantener y fortalecer el sutil hilo que une la visualidad de lo vivido y recordado, por un lado, y la que depende del mero poder evocador de la palabra escrita o la imagen que forma parte de un designio visual predeterminado y ajeno. En esta atmósfera intelectual y moral (algo peligrosa, en fin, para mi realidad inmediata, porque a ratos logra hacérmela olvidar por completo) voy madurando mi nueva novela, cuya verdad depende en gran medida de que el factor primero (lo recordado y vivido en primera persona) no sucumba bajo el peso de toda la literatura, escrita o visual, acumulada sobre experiencias similares, a la vez que se beneficia de los acicates ofrecidos por esa misma literatura para la indagación en la experiencia personal... Imagino que no hay proceso de escritura que no ponga en este mismo brete a todo escritor que, a su vez, sea y no pueda dejar de ser lector. En este caso, cuento con la ventaja comparativa de que la materia de la que me ocupo está lo suficientemente cercana como para poder reactivar su recuerdo con sólo acudir de nuevo, como ya he hecho, a los escenarios vivos de la historia; es decir, soy doblemente lector: de lo escrito por otros y de una serie de experiencias propias que puedo evocar casi a mi antojo, después de haberme sometido a un complejo proceso de regresión. No sé todavía cuál será el resultado. Pero lo que sí puedo asegurar es que, literariamente, es la experiencia más intensa a la que me he entregado jamás, y ya por eso merece la pena.

***

En la playa, en esta mañana fría, mujeres en biquini. Como la desnudez es siempre relativa, parecen doblemente desnudas, por el mero hecho de que sus espectadores estamos doble y hasta triplemente vestidos, y porque, además, no hay ninguna otra persona tan desnuda en muchos kilómetros y días a la redonda. Ve uno estos cuerpos pálidos -son dos mujeres-, algo difuminados en la doble claridad del día y de la luz refractada en la arena, y no puede dejar de sentir una especie de escalofrío solidario, a la vez que una cierta envidia ante la evidencia de que sólo ellas, desde su relativa desnudez, absorben todo el calor que es capaz de ofrecer este sol flojo. Como quien extiende sobre una brasa mortecina las manos desnudas.

3 comentarios:

Rafael dijo...

Si querías despertar la intriga con tu futura novela, lo has conseguido. Una pista: ¿de qué va?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sólo pretendía llamar la atención sobre algunos estados de ánimo aparejados al proceso de creación, En cuanto al asunto de la novela, es fácil de deducir: es la tercera entrega de mi trilogía, y sucede parcialmente en Madrid.

E. G-Máiquez dijo...

"en muchos kilómetros y días a la redonda". Preciosa expresión.