viernes, febrero 11, 2011

LEER Y TRIUNFAR



Jessica Calvo, una de las “princesas de barrio” que protagonizan un programa televisivo en el que se escenifican, creo, las vidas de cuatro chicas del extrarradio madrileño, ha declarado a la prensa que no ha leído un libro en su vida. No hace falta leer libros, añaden los comentaristas, para triunfar en la televisión. O, lo que es lo mismo: el eslogan “Un libro ayuda a triunfar”, con el que las autoridades de hace siete u ocho lustros pretendían inducir a la población a que imitara los hábitos que se les presuponían a los habitantes de un país desarrollado, ha sido definitivamente puesto en entredicho. Un libro no sólo no ayuda a triunfar, sino que incluso puede ser un estorbo; porque, ¿dónde quedaría el desparpajo, la sana naturalidad, la facundia y la total ausencia de miedo al ridículo de estas estrellas sobrevenidas, si alguna vez se hubieran entregado a ese pernicioso hábito que enseña a las personas a ser reservadas, a sobrellevar la soledad, a sopesar las propias ocurrencias y ajustar el pensamiento al modelo discursivo que propone la lectura? También hace años hubo quien reparó en que a los concursantes de “Gran Hermano” no se les permitía disponer de libros. Y era lógico; porque, si el objetivo del programa era convertir las vidas de sus protagonistas en espectáculo, lo procedente era ponerlos en situación de pasarse el día exhibiendo sus egos y entregados plenamente a esas maniobras de desgaste verbal y mental que sólo prosperan entre quienes no tienen nada mejor que hacer. De haber dispuesto de libros, nada de esto hubiera sucedido. Que uno sepa, en las salas de las bibliotecas nadie da voces, ni se desnuda, ni suelen desatarse las pasiones. Y sin esos ingredientes, como se sabe, no hay programa de “telerrealidad” que prospere.


Le parece a uno bien que esta guapa muchacha confiese sin reparo que nunca ha leído un libro. Otra, en su lugar, se habría declarado admiradora de Dan Brown o de Paulo Coelho, seguramente sin haberlos leído tampoco. Ni siquiera creo que su ejemplo pueda inducir a nadie a alejarse de la lectura. Más bien tendría que ser lo contrario: el apabullante espectáculo de desamparo y simpleza que ofrecen estas vidas mediáticas debiera ser un poderoso acicate para que quienes lo presencian buscaran urgentemente fórmulas alternativas de cultivo personal.


Lo verdaderamente preocupante es que no ocurra así, y que los espectadores de estos programas –urdidos, recuérdese, por gente que sí lee libros– no sean capaces de reaccionar ante tan manifiesta caricatura. Es como si, después de leer El Quijote, los lectores del siglo XVII hubieran decidido que lo que les convenía era seguir el ejemplo del pobre hidalgo. Que es justo lo que habría sucedido si éste hubiera disfrutado de la popularidad, el éxito y el dinero que proporciona un programa de televisión.


Publicado el martes en Diario de Cádiz

3 comentarios:

Rafael dijo...

Y así, al igual que la Nada invadía Fantasía, la chabacanería va conquistando cada rincón de nuestra sociedad.

Julián Marías definía la chabacanería como "la vulgaridad satisfecha de sí misma".

No he leído nunca un libro, "¡ni pienso!", debería haber añadido.

Luis Valdesueiro dijo...

Quizás pudiera haber otra interpretación: no solo ha leído un libro sino más de uno, los suficientes para darse cuenta de que declararse lectora en el medio en que se mueve es una mancha en su currículum. Lo mismito que el universitario que, para no dejar pasar un trabajo, declara tener únicamente el bachillerato. Instinto de supervivencia. Por supuesto, también puede ser verdad que no haya leido ningún libro, y saber, a pesar de todo, que eso no va a perjudicar su carrera.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sí, lo había pensado: que fuera una estrategia. Pero eso es casi más preocupante todavía. Un saludo.