jueves, febrero 10, 2011

RAP



Pese a lo dicho ayer, me atreví a ensayar una modesta novedad en mi anunciada lectura (que fue en un instituto de un muy querido pueblo de la sierra): estrené -¿será éste el verbo adecuado?- un rap. No, no es que me haya comprado un jersey con capucha y unos vaqueros grandes, o que lleve la gorra con la visera para atrás... La puesta en escena la confié -mediante la amable intercesión de la profesora que había organizado la lectura- a un alumno del centro; que, a cambio, pidió interpretar también alguna composición propia. La del chico quedó magnífica; la mía, resultona. La idea me rondaba la cabeza desde hace meses, y en un rato perdido de las pasadas navidades puse manos a la obra y escribí una sarta de versos de ritmo variable y muy marcado, más o menos referidos al ambiente madrileño de la novela en la que estoy trabajando. Cuando lo compuse, se lo leí a mi hija, que primero se mostró sorprendida -creo que positivamente- y luego se indignó ante la posibilidad de que su padre abandonara su natural discreción y se dedicara activamente a explotar el recién descubierto filón poético. También se lo mostré a mi mujer, en fin, y a un compañero de trabajo en cuyo buen juicio confío, y ambos me han tranquilizado respecto a mis temores esenciales: si lo escrito, en fin, era un verdadero poema; y si, en caso afirmativo, ese poema era un poema verdaderamente mío... Respecto a lo segundo no las tengo todas conmigo. El caso es que, en las circunstancias referidas, aportó un final ameno a la lectura, lo que supongo que fue de agradecer.


***


Claro que lo mejor de todo fue disponer de un pretexto para romper mi rutina y encaminarme a la sierra en un día laborable. El viaje de ida transcurrió entre nieblas bajas, fantasmales, que en muchos casos ni siquiera se alzaban por encima de la cuneta, y hacían que el trayecto transcurriese entre mares gaseosos, como el de un avión cuando sobrevuela las nubes. A mi llegada, el sol de la mañana no había disipado todavía el frío de la noche; en las calles cercanas al río, especialmente, una humedad malsana te calaba la ropa y te hacía temer por la integridad de tus bronquios. Y como uno en esta época del año es especialmente aprensivo, entré en un bar de barrio a tomar algo caliente. En el bar, a esa hora de la mañana, no había más que viejos, que devoraban unas espectaculares rebanadas de pan empapadas en buen aceite. Cuando terminaron, uno de ellos se sacó un papel del bolsillo -creo que era una hoja arrancada a un boletín publicitario, de ésos que incluyen pasatiempos y chistes- y leyó, con gran éxito, una serie de ocurrencias humorísticas, la mayoría de ellas obvias y sin gracia ("Cuando vamos en un avión, las horas pasan volando"), pero alguna muy certera y bien escrita. Creí incluso reconocer alguna genuinamente ramoniana. ¿No es de Ramón ésa que dice: "Las moscas mueren siempre entre aplausos"? Fueran o no del inventor -o, mejor dicho, descubridor- de la greguería, el caso es que estaban cumpliendo muy bien su propósito de distraer a los presentes; empleando para ello, además, recursos de la mejor literatura. La oportuna anécdota, en todo caso, me sirvió para explicar, ante mi inquieta audiencia, algunas de las funciones de la literatura. O quizá simplemente para recordármelas a mí mismo, por si las había olvidado.


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A la vuelta, me faltó el canto de un duro para desviarme de mi ruta y subir a B., mi centro de actividades en la sierra; podría haber almorzado unas chuletas de cordero lechal, por ejemplo, y haber echado luego una siestecita en mi soleado dormitorio... Podría haberlo hecho, pero no: quizá sea cierto lo que me decía ayer una lectora de estas notas: no debería reprimirme tanto. Pero no se trata tanto de represión como de indecisión. Ése es mi problema.


[La imagen que ilustra esta entrada es un cuadro del pintor ubriqueño José Antonio Martel -el "J.A.M." que aparece ocasionalmente en estas notas-, extraída de la web Pintores de Ubrique, cuya visita recomiendo encarecidamente.]

7 comentarios:

Profesor Franz dijo...

Felicidades Maestro!

Y la próxima vez no delegue en nigún alumno y láncese usted a rapear, hombre. Véase antes algunos vídeos musicales para aprender los movimientos adecuados para acompañar las rimas (manos en ademán de disparar y tal) y deje salir el nigga que lleva dentro. Si quiere le grabo unas bases para que la cosa no sea tan árida.

Manoly dijo...

¡fELICIDADES ESPECIALES PARA HOY!
YA SABES QUE MIS OPINIONES SON SIEMPRE ESPONTÁNEAS Y MUY PERSONALES, BASADAS EN LO QUE SIENTO AL LEERTE Y REHUYENDO CUALQUIER REFERENCIA AL ANÁLISIS LITERARIO.
sIGUENDO ESA COSTUMBRE, QUIERO DECIRTE QUE CADA DÍA TE LEO CON MAYOR DELEITE. eS POSIBLE QUE ME EQUIVOQUE PERO PERCIBO QUE CADA DÍA TU DIARIO GANA EN LA EXPRESIÓN DE LO ÍNTIMO REFLEJADO EN LA PERCEPCIÓN DE LO EXTERNO.
GRACIAS POR TU GENEROSIDAD AL COMPARTIR.

E. G-Máiquez dijo...

Y nosotros, ¿podremos leer pronto el rap? No es curiosidad, sino interés, muy vivo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Manoly. Veremos, Enrique: no las tengo todavía todas conmigo. Profesor: le tomo la palabra. Mándeme esas bases, que a lo mejor me atrevo a rapear mis versos en la intimidad, como dicen que hablaba Aznar el catalán.

Vendo dijo...

Pues por casualidad estuve ayer con uno de los que "atentamente" te oyó y oyó a su compañero.
Si "to guay" es algo que se pueda entender bien, es lo máximo que pude oír del muchacho, y supongo que será el mayor halago que se pueda recibir en este caso.
Así que ¡Felicidades! Y por partida doble, que me ha contado tu amigo JAM que hoy era un día especial y te iba a llamar para felicitarte.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

"To guay", en este caso, es un gran elogio.

Anónimo dijo...

A ver si se anima y publica en su blog ese rap. Yo, que soy un aficionadete, se lo podría enviar rapeado (a mi manera, claro) y con su base y todo
Alégrenos el día.