miércoles, febrero 09, 2011

REPERTORIO


Preparo una lectura mía en un instituto. Y no puedo evitar decantarme hacia textos que ya he leído otras veces y creo que no han sido mal recibidos por el público. Con el paso del tiempo voy teniendo un repertorio, como esos cantantes a los que el público reclama una y otra vez sus viejos éxitos. No es que a mí me reclamen nada, ni tampoco que cuente en mi haber con nada parecido a un éxito... Lo curioso es que, pese a lo dicho, nunca he dado dos lecturas idénticas, y en todas he terminado improvisando, leyendo textos al albur del momento y saltándome lo previsto. Lo que se traduce, a veces, en una especie de sensación de embriaguez, que resulta incluso embarazosa. Recuerdo que una vez, al terminar una lectura -era la presentación de mi primera novela, La raya de tiza-, ese acceso de euforia se tradujo en que le planté un beso en los labios a una amiga que se acercaba a felicitarme, y con la que, evidentemente, no tenía confianza para permitirme ese gesto. La chica se lo tomó con humor. Y yo todavía ando avergonzándome de haber cedido tan tontamente a una reacción contra la que tendría que haber estado vacunado.

Claro que eso fue hace quince años, y ha llovido no poco desde entonces.

1 comentario:

E. Cabello, "Las Cumbres" de Ubrique dijo...

Es una pena que la lectura no haya sido en nuestro instituto.
En otra ocasión ¿tal vez?
Lo mejor de las reacciones tan espontáneas es precisamente eso, que son espontáneas, y no hay que darles más vueltas.
Saludos,
Esperanza