miércoles, febrero 02, 2011

SCROOGE



Acaso lo que apuntaba en la nota de ayer implique una nueva servidumbre. Constatar que los libros que se guardan, incluso aquellos que en principio se descarta leer, sólo están a la espera de que les llegue el momento en que su lectura sea urgente e imprescindible, significa que la higiénica tarea de desprenderse de los que llegan en aluvión, al buen tuntún de los envíos promocionales y las listas de correo de las editoriales, se hace poco menos que imposible. Me ha ocurrido ya: basta que me desprenda de un libro para que al poco tiempo surjan buenas razones para tenerlo a mano y leerlo. Quizá lo lógico fuera lo contrario: que uno se desprendiera de los libros que ha leído ya. Pero eso se me hace aún más doloroso. 


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Lo de Egipto. Cuesta imaginar que en un país musulmán triunfe una revolución genuinamente democrática. Claro que esto mismo se podía decir hace medio siglo de la mayoría de los países del sur de Europa. Hay un margen, supongo, definido por el nivel de bienestar real del que disfruten las capas medias de la población, que suele traducirse en un firme deseo de relación fluida, de igual a igual, con el resto del mundo desarrollado. El peso de la clase media española fue la garantía de que el proceso democrático no tomaría derroteros indeseados. Lo malo es que esa clase media suele ser, también, la primera víctima de los dislates políticos en los que incurre una sociedad mal dirigida y poco madura. Véase, si no, la triste suerte de la culta burguesía iraní: todavía están purgando su inadvertencia ante lo que se les vino encima, una vez lograron librarse del lastre que suponía la tiranía del sha.


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Un beneficio (¿?) inesperado derivado de la crisis: se puede hablar con normalidad de cómo cada cual sobrelleva la estrechez económica sobrevenida. Hace unos meses, expresar en voz alta ciertas reticencias a la hora de malgastar el dinero equivalía a una confesión pública de mezquindad, que no convenía hacer si uno no deseaba ganar fama de tacaño. Ese reparo ha desaparecido hoy: quien más, quien menos, escatima abiertamente en el gasto, y además lo cuenta. Mr. Scrooge resultaría hoy un ciudadano ejemplar. 

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