martes, febrero 01, 2011

TRANCHES DE VIE

No soy muy aficionado a las novelas policíacas. Las novelas que me gusta leer -y, por tanto, las que me gusta escribir- son las que los viejos tratadistas del realismo definían como tranches de vie; y eso, sin sentirme un realista de observancia estricta, ni mucho menos. Lo que me gusta, en fin, es la novela abundante en observaciones atinadas y minuciosas, tanto físicas como psicológicas; lo que tampoco quiere decir que me guste la novela morosa o lenta, porque no hay nada que impida que una página de observaciones certeras esté escrita con agilidad y buen pulso, y pueda leerse con la misma avidez que una en la que se cuente algún momento decisivo de una trama de acción. Para el lector entrenado, una página pertinente es siempre emocionante, aunque lo que cuente no se traduzca en acciones que quiten la respiración o se salgan de lo común. 


Todo esto viene a cuenta de que ha caído en mis manos otra novela de intriga policíaca -la segunda en los últimos dos meses-, ésta de un hispanista irlandés que firma sus novelas con el pseudónimo "David Serafín". A lo largo de los años ochenta, leo en la nota introductoria, este hombre firmó una serie de seis novelas, publicadas originalmente en inglés. en las que se contaban otros tantos casos del comisario Bernal, alias "el Caudillo", con destino en la sede central de la Dirección General de Seguridad, sita en la madrileña Puerta del Sol. La primera de estas novelas, Sábado de Gloria, se sitúa en la Semana Santa del año 1977, en vísperas de la legalización del PCE. Leo esta novela porque, al hojearla, constaté que encajaba bien en la serie de libros de callejeo madrileño que ando leyendo últimamente, y que me sirven para contrastar mi reciente pesquisa capitalina, la que me llevó allí a iniciar la tercera entrega de mi trilogía novelística en marcha. 


Uno elige el sentido y las líneas generales de lo que quiere leer, pero casi nunca los títulos concretos, que van apareciendo un poco al azar; o, mejor dicho, al hilo de ese azar sesgado que se concreta en una predisposición especial a cierta clase de libros, y no otros... Éste de David Serafín llevaba meses en mi casa, y casi daba por seguro que nunca iba a encontrar el momento de leerlo. Y, ya ven, no descarto buscar los otros títulos de la serie y leérmela entera. La misma editorial que ha reeditado esta primera entrega ha anunciado su propósito de hacerlo con las demás. Bueno. Uno se entrega con gusto a estos azares del capricho lector. Equivalen a esas rachas en las que el cuerpo demanda el consumo de cierta clase de alimentos, y no de otros. A mí me pasa, por temporadas, con el chocolate, el marisco, la fruta. Claro que, al igual que hago con la dieta, hago por compensar los excesos, y para ello busco los adecuados complementos al objeto de mi ansia. En la lectura, esos complementos -tan necesarios como ciertos suplementos vitamínicos- me los procura la poesía.

1 comentario:

Sara dijo...

Cierto. El retrato que haces de las relaciones sociales en la(s) época(s) en que se enmarcan tus historias -novelas o cuentos- es simplemente mágnífico.Ánimo con esa tercera parte de la trilogía.