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Las sociabilidades de uno transcurren en otras esferas, no sé si más modestas, pero intuyo que infinitamente más gratas. El viernes, por ejemplo, dos amigos gaditanos y yo acudimos a una de las sesiones de la tertulia sevillana "Los Mercuriales"; integrada por un grupo de escritores a los que conozco, sobre todo, por sus blogs, aunque de la mayoría de ellos he leído también algún libro publicado. Y lo primero que constatamos es la extrañeza de no habernos visto nunca antes y, sin embargo, saber mucho unos de otros, porque todos más o menos nos vamos retratando casi diariamente en estos "diarios abiertos", y participamos en la ilusión, bastante grata y estimulante, de haber formado una especie de tertulia virtual permanente que intercambia confidencias, sugerencias de lectura, dudas, bromas... Me encuentro a gusto entre estos amigos a los que no sé si puedo decir que conozco, pero de los que, en cualquier caso, tengo imágenes más definidas que de muchos otros a los que trato casi a diario, pero cuya intimidad, preocupaciones, ideas o manías nunca han trascendido. Comento que los blogs literarios de hoy cumplen la misma función que las revistas literarias de ayer: dar a conocer nuevas voces, facilitar confluencias y contactos, e incluso esa clase de tramas de favores mutuos que antes mencionaba, y que tantas barreras allanan en ocasiones. Entre este mundo de hoy, que usa con naturalidad los recursos proporcionados por la informática, y el que evocaba en el apunte de antes, uno se ha formado en una especie de estadio intermedio. Ya cuando nos reuníamos quienes participábamos en aquellas aventuras comunes de los ochenta, anticipábamos que algún día hacer una revista o dar a conocer un texto sería algo mucho más sencillo y barato de lo que era entonces. También más intrascendente, quizá. Aunque a eso se podría oponer que los vientos que hayan de llevarse lo escrito hoy no serán ni más ni menos clementes que los de ayer.
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Para compensar tanta literatura, paso la mañana del domingo haciendo una "bajerita" a la casa, que es como mis paisanos llaman a repasar con pintura los zócalos y las zonas más sufridas, sin necesidad de apartar los muebles ni de embarcarse en zafarranchos mayores. El resultado es alentador. Todo reluce de limpio. Y en esta pulcritud tan duramente ganada -me duelen los brazos, del esfuerzo- hasta uno se siente también más limpio por dentro y por fuera. Como si, en vez de los rincones sucios de la casa, fuera el alma de uno la que hubiese estado necesitada de esos retoques de pintura.

2 comentarios:
Comparto al ciento por ciento tu visión acerca de la relación entre blogs y literatura. Yo puedo afirmar que he llagado a publicar gracias al blog o, al menos, que de no ser por este habría tardado mucho más en conseguirlo.
Fue un auténtico placer conocerte en persona. Esperemos que podamos repetir. Un abrazo.
Igualmente. Un abrazo.
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