martes, marzo 08, 2011

BATALLITAS

Fiesta local; es decir, fiesta que parte en dos a quienes, como es mi caso, vivimos en un municipio y trabajamos en otro. En esta ocasión estoy en la parte beneficiada: es decir, me toca no trabajar, mientras todo a mi alrededor se organiza en torno a las rutinas de un día laborable. Dedico la mañana a escribir, mientras un fuerte viento de levante invernal despeina las palmeras y me reafirma en mi idea de que salir a pasear, por ejemplo, aprovechando el día libre, no habría sido una buena idea. El único inconveniente, quizá, es que, al caer la tarde, el ánimo es ya del todo el de un día cualquiera. Escribir es una fiesta, sí; pero en el transcurso de una sesión de escritura se toman siempre más decisiones y se resuelven más problemas que en la más intrincada jornada laboral. De ahí este cansancio (agradecido, eso sí), que me invade a media tarde.

***

Gaddafi recupera posiciones. Hubo una época frívola en mi vida en la que me gustaba decir que lo que me gustaba de los periódicos eran las batallitas. Ahora también me apasionan; sólo que las vivo con cierta angustia, y con un preocupante punto de identificación con alguno de los bandos en liza. ¿Conseguirán los rebeldes retener las posiciones conquistadas? (Que es tanto, en fin, como preguntarme: ¿conseguiremos alguna vez llevar a buen término esa gran conjura con la que soñamos para trastocar para siempre la realidad?)

***

Palmeras despeinadas, decía... Y el mar acariciado a contrapelo.

No hay comentarios: